El Mañana de Nuevo Laredo

Sebastián Martínez de la Rosa

La educación somos todos

Sebastián Martínez de la Rosa

11 junio, 2020

Generación de Cristal



Gracias a los medios de comunicación, en días recientes hemos sido testigos de actos vandálicos disfrazados de activismo social; primeramente en el mes de marzo vimos las marchas feministas que sólo sirvieron -en México- para destrozar las ciudades y dar una mala imagen de movimientos que bien pudieron ser revolucionarios, pero que por la misma barbarie que se mostró al salirse de control las protestas, éstas perdieron legitimidad.

Posteriormente se inicia otro movimiento por la muerte de George Floyd -a manos de un policía de la Ciudad de Minneapolis- que rápidamente se sale de control y que se propaga por todo el territorio norteamericano; la mayoría de quienes protestaban lo hicieron de manera violenta y sin la menor empatía con los demás miembros de la sociedad. Lamentablemente en días previos a la muerte del afroamericano, en nuestro país, la Policía de Ixtlahuacán de los Membrillos -Jalisco- da muerte a un joven albañil de nombre Giovanni López, suceso que hubiera pasado desapercibido -como muchos otros- si no hubieran iniciado las protestas en Estados Unidos.

Como era de esperar, algunos jóvenes mexicanos imitaron el movimiento iniciado en el país norteamericano para protestar por la muerte de Giovanni; lo lamentable es que las “marchas” que se realizaron en Jalisco, la CDMX y Veracruz, no dejaron un mensaje claro y contundente en la sociedad mexicana; los jóvenes que se manifestaron fueron violentos y hasta se llegaron a denominar “anarquistas”. Destrozaron mobiliario e inmuebles de las ciudades, que posteriormente se deben de reparar con los impuestos de los ciudadanos.

Con lo anterior no quiero de ninguna manera denostar los ideales de quienes en verdad luchan por estas causas de manera ordenada, pacífica y con un mensaje que se espera haga eco en la sociedad; lamentablemente en todo movimiento se infiltran individuos que sólo desestabilizan y vandalizan… por lo que el mensaje se pierde, convirtiéndose en simples revueltas que ocasionan el rechazo y apatía de gran parte de los ciudadanos.

Lo que más ha llamado la atención es lo radical de los “movimientos” recientes, los jóvenes cada vez muestran más violencia y utilizan la causa para cometer actos deplorables, que si las autoridades se atreven a amonestar inmediatamente son tachados de represores; los gobiernos se muestran impotentes ante dicha situación, porque si castigan están mal y si no castigan están peor.

Los jóvenes de esta época son cada vez más intolerantes en cuanto a normas se refiere, pero si se les amonesta por sus actos entonces sí exigen el estado de derecho; cometen faltas y no quieren ser castigados por ello, por lo cual se les dio el nombre de “jóvenes de Cristal”.

La llamada Generación de Cristal son los hijos de la “Generación X” -1972-1980- estos últimos al atravesar carencias se empeñaron en salir adelante para darles a sus descendientes una mejor calidad de vida; lo que originó una generación despreocupada y “frágil”, para ellos todo es efímero -como en las redes sociales- y son “frágiles” porque están inmersos en un ambiente con autoridad devaluada y sobreprotección de los padres, lo que ocasiona una falta de empatía hacia los problemas reales de la sociedad productiva.

Otra característica de esta generación es que la mayor parte de estos jóvenes tienen baja autoestima y confían muy poco en sus habilidades reales, por ello necesitan reconocimiento constante y tienen poca tolerancia a la crítica, al rechazo y la frustración, por lo que al “identificarse” o sumarse a algún movimiento como los recientes, su participación se radicaliza, perdiendo el objetivo.

Los docentes debemos lidiar con todo esto y nos encontramos cada vez en mayor desventaja ante dicha situación; nuestra autoridad se pone en entredicho al momento de querer aplicar sanciones por alguna falta de este tipo de jóvenes dentro de los planteles.

¿Qué sucederá cuando estos jóvenes se conviertan en padres?… no quiero imaginar el enorme reto que enfrentaremos en los planteles cuando los hijos de los jóvenes de hoy lleguen a nuestras aulas; ¿se les podrá hacer algún llamado de atención? O como ahora… terminaremos educando al alumno y al padre de familia.

Los hechos desafortunados que cité al inicio y que lamentablemente quitaron la vida a dos seres humanos en la plenitud de su vida, son un claro ejemplo de la descomposición social que estamos viviendo actualmente; los gobiernos y los docentes tenemos un enorme reto que habremos de afrontar con el apoyo de los padres de familia y la sociedad en general.

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