El Mañana

martes, 25 de junio de 2019

Adolfo Mondragón
Opinión Adolfo Mondragón

Gilberto Puente

20 enero, 2019

Solamente el cariño que siento por Gilberto Puente y Evita su esposa, podían hacerme recuperar este espacio que estúpidamente había abandonado hace tanto tiempo. Con Gilberto reanudo esta columna dominical de Personajes de mi Pueblo; la dimensión de Gilberto merece esto y mucho más.

“La Mejor Guitarra de América”, esto es indiscutible. Gilberto se ganó este título a pulso literalmente, fueron muchos años de trabajo exhaustivo, de esfuerzo, de largas e interminables horas de prácticas y ensayos, de una entrega apasionada precisamente a la pasión de su vida, nadie se puede imaginar a Gilberto sin su guitarra, la que por cierto siempre llevaba en la cajuela de su carro y la sacaba a la menor provocación o sin provocación alguna, tocaba por gusto, nunca por compromiso y menos por obligación.

Con tristeza nos enteramos la semana pasada que esa extraordinaria guitarra se calla, Gilberto cierra el estuche del amor de su vida y se retira de los escenarios, junto con él se van también los Tres Reyes, se cierra un ciclo, toda una época, una época de oro. Quedaremos huérfanos de su sonido, ese inconfundible sonido de una guitarra que llegó a tocar los linderos de la gloria y la gloria misma quedó maravillada, enamorada, subyugada por las magistrales notas que escuchaba. Así quedábamos todos cuando escuchábamos a Gilberto acariciar las cuerdas de su guitarra.

En el programa dominical que conduce el Güero Vidal, leí con profunda emoción y con la voz entrecortada, la carta que Evita, su hija, escribió comunicando el retiro de su papá, carta publicada en este matutino; cada oración, cada párrafo que compusieron esta sentida carta, definitivamente estaba hecho con el amor profundo que su hija le profesa, el mismo que sienten sus hijos y Eva Elva su esposa, porque Gilberto nunca dejó de ser un padre extraordinario, comprensivo y amoroso y un esposo fiel, siempre fiel al amor de su vida.

Cuando éramos unos chiquillos, me juntaba en casa de los López Nakasono, por la Lincoln y corríamos a la casa de los Puente para escuchar ensayar a los hermanos Puente, Gilberto y Raúl, ahí, colgados de la cerca de madera, nos parábamos todos los güercos del barrio y escuchábamos absortos las notas de aquel par de jovencitos que luchaban por conseguir el sonido ideal y hacer brotar de las cuerdas de sus guitarras las armonías que después, con un poco de tiempo, serían el deleite de miles de seres que los escuchamos.

Los mejores escenarios del mundo entero tuvieron el privilegio de presentar a los Tres Reyes, el trío que formaron Gilberto y Raúl, sus canciones se siguen escuchando en el radio y no pocas veces en la televisión aparecen antiguos programas con este extraordinario trío. El hueco tan grande que dejan con su retiro difícilmente podrá ser llenado por nadie más, aunque haya escuelas superiores de música que tengan la cátedra de guitarra “Gilberto Puente” en la que los jóvenes estudiantes tienen que aprender a tocar con su técnica y estilo. Sus manos son únicas, él, inimitable.

Ese mismo domingo de hace ocho días, coincidimos con Gilberto y Evita en misa, en la misma banca, hacía apenas unas horas que había leído para todo el auditorio la carta de su hija y Dios me concedía la gracia de compartir ese momento tan especial con él. Definitivamente Gilberto Puente es un personaje de nuestro pueblo que deja una profunda huella, su actuación es trascendental: hijo predilecto del pueblo, extrañaremos su guitarra, nos conformaremos con sus discos.

Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un espléndido y maravilloso domingo en familia, si ve por ahí a Gilberto, no deje de saludarlo.