El Mañana de Nuevo Laredo

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Leo Zuckermann

6 febrero, 2020

¡Gracias Sergio!



Quiero agradecer, felicitar y abrazar a Sergio Aguayo por su
talante democrático y paciencia para enfrentarse al poder público por el solo
hecho de haber criticado a un político que desprende un hedor a corrupción:
Humberto Moreira.

En enero de 2016, el gobierno español detuvo al exgobernador
de Coahuila y expresidente nacional del PRI por lavado de dinero. Aguayo
escribió un artículo en Reforma sobre este asunto: “Humberto Moreira se
enfrenta, finalmente, a una justicia: la española, que con ese acto muestra que
las instituciones mexicanas son virtuosas en la protección de los corruptos”.

 ¿Acaso no tenía
razón? Desde luego que sí.

Moreira, sin embargo, se enojó y demandó a nuestro colega
por daño moral. Sergio sugirió una hipótesis para explicar el porqué de esta
demanda: “quiere intimidarme y desgastarme porque estoy dirigiendo, desde El
Colegio de México, una investigación sobre la masacre de Allende, Coahuila del
2011 (un grupo delincuencial desapareció en ese y otros municipios a un número
indeterminado de personas: el número más mencionado son 300). Él era gobernador
en ese momento”.

Después de varios meses de litigio, el juez de primera
instancia exoneró a Aguayo. Moreira, sin embargo, recurrió la sentencia. El
caso pasó a un magistrado de la Ciudad de México, Francisco José Huber Olea
Contró.

Afortunadamente, Aguayo consiguió que los abogados Sergio y
Héctor Beristaín lo defendieran pro bono. Y es que un litigio de este tipo
puede costar una fortuna.

Después de más meses de espera, Olea Contró finalmente
revirtió la sentencia del primer juez, declaró culpable a Aguayo y le impuso
una indemnización de diez millones de pesos. Además, le ordenó depositar una
fianza de 450 mil pesos para asegurar dicho pago.

“Algo huele a podrido en Dinamarca”, diría Shakespeare sobre
la resolución de Olea. Recordemos que Humberto Moreira le heredó la gubernatura
de Coahuila a su hermano Rubén. Éste le entregó una notaría en Saltillo nada
menos que al hermano del magistrado Olea Contró. Por clarísimo conflicto de
interés, debió haberse excusado de resolver la demanda de Moreira en contra de
Aguayo.

No solo no lo hizo sino que revirtió la sentencia del primer
juez que era favorable al editorialista de Reforma. Las consecuencias son
enormes: ahora resulta que nos pueden demandar por daño moral y obligarnos a
pagar enormes sumas de dinero a los que opinamos sobre personajes de la vida
pública. Un poder, el Judicial, pretende silenciarnos. “Calladitos se ven más
bonitos”. Una barbaridad para el derecho a la libertad de expresión.

Afortunadamente, el mundo se le vino encima a Olea Contró.
En la prensa y redes sociales, al censor judicial lo llenaron de adjetivos muy
adversos.

Ante esto, el magistrado envió una carta a SDP Noticias.
Presume ser un demócrata por convicción: “estoy convencido de que la libertad
de expresión debe ser absoluta, y que es gracias a la labor de los periodistas,
que se ha logrado que este país sea más grande y sobre todo más informado”.
Ahora resulta…

“Sin embargo, en mi labor como juzgador es mi deber dejar de
lado mis convicciones personales y aplicar estrictamente la letra de la ley y
la jurisprudencia que emana de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así
como los principios provenientes de los tratados internacionales de los que
México es parte”.

Es cierto: un juez está para aplicar la ley. Pero muchas
veces debe interpretarla a partir de diversos criterios. Tan es así que el
primer juez le dio la razón a Aguayo. El segundo, a pesar de ser un “demócrata
por convicción”, lo hizo de manera distinta y favoreció a Moreira. ¿Quién se
equivocó?

En su misiva, Olea Contró soslaya el tema del posible
conflicto de interés por la notaría que recibió su hermano del hermano de
Moreira. Eso sí, hace votos para que la Suprema Corte modifique los criterios
que utilizó para condenar a Aguayo: “incluso si llegaren a revocar la decisión,
sabré entender y aprender de la decisión que se asuma por el máximo tribunal
del país, en aras de continuar impartiendo justicia a seres humanos”.

Es claro: se está curando en salud.

Yo espero que la Suprema Corte efectivamente revierta esta
sentencia y proteja el inalienable derecho que tenemos los columnistas y
editorialistas a opinar con libertad.

Todo este proceso legal ha sido una pesadilla para Aguayo. Pero es una de esas cosas que hay que hacer en la vida para defender nuestras libertades. Por eso, desde aquí, agradezco, felicito y abrazo a Sergio.

Twitter: @leozuckermann

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