Cosas de mi pueblo y del otro lado

Adolfo Mondragón

21 noviembre, 2020

Guerrero y Perú, ‘la esquina que domina’



La verdad no tengo muy claro si ese era el slogan de la Mueblería Guerrero, cuando se ubicaba precisamente en esa esquina de Perú y Guerrero, pero creo recordarlo de esa manera. Bueno, no sólo la Mueblería Guerrero se ubicaba en esta esquina, en la acera norte, se construyó un edificio que era de uno de los Garza, de los famosos “Paletones”. En la planta baja eran locales comerciales y en la planta alta se destinaron a departamentos habitacionales. La mueblería, anteriormente se ubicó en estos locales, hasta que construyó su propio edificio donde ahora hay una farmacia. De ahí surgió el famoso slogan.
En dicho edificio, en la mera esquina estuvo mucho tiempo la panadería y cafetería “Las Delicias” propiedad de Benjamín Galván Maytorena, ahí fuimos muchas veces con mi papá y los trabajadores que lo acompañaban, Pedro Pacheco, Medellín y Juanito el chofer, el pan era delicioso. En el siguiente local, antes de la mueblería, estaba el expendio de café en grano “Cafenix” donde vendían el sabrosísimo café “caracolillo” y hacían una mezcla con el grano de “Córdoba lavado”, el resultado de la combinación de ambos granos, era un café realmente delicioso, no recuerdo el nombre del encargado, era un señor con tremendos bigotes y un carácter formidable, súper amigable. Que luego se integraba en las campañas políticas.
Todo esto ha venido a mi memoria porque en días pasados en las benditas redes, han estado publicando preguntas al respecto, que a ver quién recuerda el Cafenix, etc. Lo asombroso es que reciben muchas respuestas y opiniones de otros usuarios que aportan anécdotas y vivencias al respecto. Esto me da mucho gusto porque pone de manifiesto que el viejo pueblo sigue vivo y en el presente. No cabe duda que nuestro pueblo ha dado mucho a quienes vivimos en él. Y no es que tiempos pasados sean mejores, sino que fueron nuestros tiempos de juventud, niñez y adolescencia.
Las diversas etapas de nuestras vidas quedan marcadas en la memoria y recordamos sólo lo mejor, eliminamos los malos recuerdos y experiencias negativas para salvar sólo lo bueno, esa es una buena manera de hacer la vida más llevadera. ¿Para qué recordar lo que nos duele o lastima, si tenemos tantas cosas bellas que recordar? Este es un mecanismo de defensa que todos tenemos, sólo hay que ponerlo a trabajar y funciona a las mil maravillas. Imagínense a las víctimas del holocausto, si persistieran en recordar los amargos momentos que vivieron en los campos de concentración, mantuvieran vivos esos terribles momentos; sin embargo, todo lo malo lo dejaron tras esas rejas y salieron libres de cuerpo y espíritu.
En esto Nelson Mandela nos ha dado una gran lección. Después de más de 20 años de permanecer en prisión pagando una condena absolutamente injusta, sufriendo todo tipo de vejaciones y humillaciones, torturas físicas y psicológicas, con el único consuelo de escribir largas epístolas que servirían como una biblia de liberación para su pueblo.
Finalmente triunfó y terminó con el apartheid en Sudáfrica; sin embargo, la fórmula para su total rehabilitación, fue su decisión de dejar en la celda que lo albergó tantos años, todos los odios, rencores, malos momentos, dolor y sufrimiento, sólo así sería completamente libre. Y lo consiguió.
Yo creo que esa es la mecánica para enfrentar esta tremenda pandemia, en cuanto pase, habremos de dejarla en el año 2020 e iniciaremos el nuevo, libres de todo virus y sobre todo libres del recuerdo de estos días aciagos: será una nueva oportunidad, un renacer, un reinventarnos de nuevo; más maduros, más humanos, más solidarios, mejores hombres. Deberemos de ser capaces de reírnos de lo que hicimos durante ella y sobre todo aprender a reírnos de nosotros mismos. Darle gracias a Dios si somos sobrevivientes y valorar más la maravilla que es la vida, el milagro de vivir.
Si nos alimentamos de nostalgias, si las nostalgias se alimentan de recuerdos, deberemos de tener sólo los mejores recuerdos para vivir de nostalgias bellas. Convirtamos la nostalgia de adjetivo a verbo para “nostalgiar” todo el día, todo el tiempo. Sigamos recordando al Laredo antiguo, al Laredo de mis recuerdos y seamos felices son nuestras nostalgias.
Gracias amble lector por la gentileza de su atención, le deseo un espléndido fin de semana en familia. Ya falta menos.

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