El Mañana

sábado, 23 de febrero de 2019

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Hablando de clonadas y millones

30 enero, 2019

El decomiso de casi 1 millón de dólares en el Puente I a una jovencita nos recuerda un caso similar, también de una fuerte suma que le fue requisada a un sobrino político del gobernador Cabeza de Vaca, pero curiosamente en este caso ya no tuvo seguimiento ni se dieron a conocer consecuencias.

Hablando de impunidad, ha quedado claro que el caso de Rivas y las camionetas clonadas no ha tenido consecuencias no porque en verdad sea inocente o que no sea un delito de gravedad, sino por las omisiones que han imperado desde que el caso está en manos de la ley; pues en 4 meses desde que se originó la denuncia, no han habido diligencias o algún avance.

Desde un principio hubo anomalías, pues la denuncia original debía dirigirse a la FEPADE, pero en su lugar se fue a la Fiscalía que investiga los delitos de desaparición forzada, que también algo hay de eso, pues familiares de las víctimas señalan a las camionetas presuntamente clonadas de haber sido utilizadas en agravio de sus seres queridos hoy presumiblemente desaparecidos forzosamente.

Aún parece distante la llegada de una caravana migrante a la frontera tamaulipeca y en todo caso a Nuevo Laredo, pero el Alcalde ya anunció que no apoyará el Municipio con recursos a esta causa, es una postura -que a pesar de sus tintes políticos- vendría a impactar de manera muy negativa en la crisis social que se avecina si llega un numeroso contingente a sumarse a la enorme cantidad de refugiados que ya se encuentran aquí sobrepasando la capacidad de los albergues en la ciudad.

Esto de la CFE haciendo “operativos” para detectar “diablitos” es para algunos de sus empleados -no todos, aclaramos- una gran oportunidad económica, pues varios nos han comentado que suelen llegar con aquellos que efectivamente cometieron el ilícito de tener el “diablito”, pero al decirles de cuánto va a ser la multa, estos bondadosos empleados de la luz ofrecen una alternativa más económica, pero más ilegal y hasta la oportunidad de conservar el “diablito” por una módica cantidad periódica con su amigable operador de la CFE.

Muchos hablan de inclusión, aunque pensar un poco acerca del significado natural de lo que es, nos direcciona vía contraria a mucha de la educación convencional que recibimos.

Con eso de que hay escuelas que se diferencian unas de otras por ser inclusivas y otras no, es quizás el principal factor por el que se debería de comenzar para disminuir tan siquiera un poco el índice de exclusión en general que existe aún en la actualidad.

Lo cierto es que muchos hemos crecido bajo modelos educativos, en el que la exclusión no está tan pintada de una manera clara, pero sí latente o viviente en algún rincón, lo cual me atrevo a decir, puesto que con el simple hecho de convertirse en una odisea la búsqueda de un colegio para los padres cuyos hijos tienen alguna discapacidad, resulta ser la estampa clara del retroceso social que aún poseemos.

Retroceso que entre otras cosas sigue dependiendo de impresión a lo diferente y fundamentada en excluir lo que no acostumbramos a percibir como “normal”.