El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Hacer de Nuevo Laredo una página romántica

26 junio, 2019

Si se contara con el tiempo y la paciencia suficiente para escuchar a ese anciano, anciana, residentes ya muy antiguos de esta ciudad, probablemente de éstos se entendería, se sabría cómo era exactamente en otros tiempos la vida cotidiana de esta frontera, sus pláticas, muy seguramente serían no de una forma arrebatada, apresurada, sino con esa paciencia, con ese sentimiento tan profundo que nace del alma; el absorber sus narrativas haría imaginar cosas agradables, amenas, ocurrentes o chistosas que implica toda esa interacción el hacer de Nuevo Laredo una página romántica.

Así la ya muy ancianita de pelo escaso y cano, aparentemente callada, y ante esa pregunta de cómo en sus tiempos se hacía un caldo, de inmediato tomaría asiento acomodando ese desgastado cojín en su respaldo, después de respirar profundamente y mirar al cielo, enfocando su vista al infinito y regresar, agradable es de su boca escuchar esas citas y a detalle con palabras tan bonitas.

Primero, me ponía mi delantal, le echaba un vistazo a la chimenea para saber si contaba con suficiente leña, si no, cortaba un poco del cercano monte, así cargándola hacia la cocina, después de arrojarle un cerillo y para que ésta de inmediato encendiera, constantemente con una ramita del mezquite le estaba tupiendo, colocaba la holla con agua para que fuera hirviendo.

Salía al patio, de las muchas gallinas me fijaba en la más gorda, las engañaba con darles comida haciendo chasquidos con mi boca, con una agilidad la pescaba de las patas para que ya no corriera, después le apretaba el cuello, eso era lo más triste, pero después sí que era muy entretenido el preparar todo aquello.

La casita era fresca pues era de adobe, el calor de la chimenea no sofocaba ya que el techo era de lámina, piñado, construida por la familia, costumbre de antes cuando una había casado, el patio era enorme, enfrente vivían hermanos y hermanas en similar situación, en verdad era una convivencia amable y cordial.

Cuando el caldo de gallina estaba listo, la invitación era para todos en general, tortillitas recién hechas, unos agarraban las patas, otros el pescuezo, nadie le hacía el feo, pues en familia todo sabía excepcional.

Es en verdad penoso, que hoy en día, y debido al ajetreo del trabajo, de la vida misma muy pocos de ese Nuevo Laredo de antes, de esa gente que aún transmite sentimientos y anécdotas familiares o laborales los escuchen, quizás sea por eso mismo, que, de esta frontera, sus costumbres, sus viejas tradiciones poco a poco se van quedando como ocultas en el pasaje del tiempo.

Nuevo Laredo es una ciudad como muchas, llenas de verdaderos sentimientos, de esos sus forjadores, de esos que día a día han venido construyendo su propia historia, pero cierto es que si esta misma gente, esta misma población que hoy conduce sus destinos, no procuran, no hacen nada por transmitir ese pasado, difícilmente y en próximas décadas se tendrán vivencias que escuchar para rememorar el recuerdo, satisfacer históricamente el alma de sus futuros pobladores.