El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Adolfo Mondragón
Personajes de mi Pueblo y del Otro Lado Adolfo Mondragón

Héctor Arriaga Campos

7 julio, 2019

¡En serio que este Héctor es todo un personaje, quienes tenemos el gusto de conocerlo y tratarlo estamos seguros de ello, es realmente genial! El pasado miércoles 3 de este mes, cumplió años, sólo uno más de los 71 que tengo yo.

Tengo el gusto de conocerlo desde que éramos adolescentes, él era muy amigo de mi hermano Alejandro, eran una pandilla temible, el azote de los bailes, no había boda o quinceañera en la que no estuvieran presentes cada semana; se juntaban con calma, primero revisaban el periódico para enterarse de las que había, luego deliberaban y obviamente escogían la mejor, de preferencia en la Cueva, no importa si era boda o quinceañera.

Les decían “Las Lianas” porque se descolgaban con gran facilidad en cualquier evento social, pero eso sí, muy bien trajeados, peinaditos y perfumados, por lo mismo siempre eran bien recibidos, además como toda la pandilla, eran buenos bailadores, animaban el sarao; en más de una ocasión hubieron de fungir como chambelanes para suplir a alguno que había faltado, para esos casos tenían moño, corbata o corbatín y de diversos colores, negro o guinda que eran los que se usaban, según la ocasión y los guardaban en la bolsa del traje. A ese distinguido grupo pertenecía en su adolescencia Héctor Arriaga.

Con el tiempo llegó a ser distinguido miembro, ahora de otra pandilla, de mayor alcurnia: los Leones, y fue un León fiel, cumplido y disciplinado. Buen rugidor. Realmente siempre fue un muchacho muy formal, muy correcto y bien educado y como en algún momento de su vida de joven, asistió al seminario, pues tiene sus bases morales muy sólidas y bien cimentadas, además su familia, que tenía formación de la capital, le daba gran importancia a esos comportamientos. Héctor nunca se salió de los lineamientos que fijaban las buenas costumbres (como que traía el Manual de Carreño y de Pilar Candel, de memoria).

Muy jovencito entró a trabajar en la Oficina Federal de Hacienda, durante un buen tiempo se desempeñó con eficacia y eficiencia, posteriormente le tocó ingresar en el recién creado Registro Federal de Vehículos, donde, por cierto, también laboró otro buen amigo: Ernesto “El Chacho” Belloc Uterback. Con él estuvo en Piedras Negras, donde “Chacho” era delegado, de retorno en Nuevo Laredo, lo haría bajo la dirección de Artemio Maldonado, Cuando finalmente desapreció el Registro de Vehículos, no se quedó con las manos cruzadas, inquieto como siempre ha sido, buscó vender de todo, desde terrenos, casas y hasta servicios funerarios, no me queda muy claro qué más vendía, pero su alma al diablo, de eso sí estoy seguro que no.

Con mucha frecuencia, cuando acompaño a mi mujer a la misa, me toca verlo con Guille su esposa, es un católico fiel y convencido, comulga siempre con gran devoción. Sin embargo, pareciera que siempre trae al diablo metido, es de lo más bromista y capaz de hacer las más increíble analogías y comparaciones, cuando nos reunimos en el café, siempre me hace el día con alguna de sus puntadas. Me hace soltar unas tremendas carcajadas que resuenan por todo el restaurante. Por eso les digo que Héctor es todo un personaje, de apariencia muy seria y formal pero simpático, hace sus bromas muy serio, sin perder nunca figura ni compostura.

Como es un gran conocedor de las familias más antiguas del pueblo, es capaz de dar santo y seña de cada una de ellas, recuerda con exactitud nombres y da pelos y señales de todos, puede platicar toda la mañana de alguna de ellas, siempre con gran respeto, establece la compleja red de relaciones, de quién casó con quién, de sus hijos y parientes se remonta hasta los abuelos y bisabuelos, y recuerda y describe con precisión sus casas, domicilios y sus características, tiene una memoria fotográfica y bien fijas cientos de imágenes de antaño, por eso es una verdadera delicia platicar con él, podemos hacer un paseo por el Nuevo Laredo de nuestra infancia y juventud, ese Laredo que tantos añoramos y extrañamos.

Bueno, estimado lector, este es, a grandes rasgos, Héctor Arriaga Campos, personaje muy querido y respetado del pueblo, si lo ve por ahí, salúdelo que, aunque no lo vea, recuerda con exactitud sus voces y es capaz de identificar fácilmente a todo mundo.

Gracias por la gentileza de su atención al compartir conmigo algo sobre mi amigo Héctor Arriaga, le deseo que pase un magnífico domingo en familia.

Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Ya llegué