El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Hotel con campo de golf

2 julio, 2019

A través de la ventana Pepito veía a la joven y guapa vecina que trabajaba en su jardín luciendo una muy breve falda. El chiquillo le dijo a su papá: “La vecina se agachó a plantar unas flores”. El señor, que leía su periódico, pregunto distraídamente: “¿Rosas?”. “No”, contestó Pepito. “Blancos”. (No le entendí)… Una señora acudió a la consulta del doctor Duerf y le dijo preocupada: “Doctor, a mi esposo le ha dado por creerse perro”. Respondió el célebre analista: “Seguramente padece una forma de esquizofrenia zoomórfica con desdoblamiento de la personalidad y delirio involutivo de alienación regresiva. Pura imaginación, claro, pero de cualquier modo hágame usted un favor. Voy a ir con mi familia a Cuernavaca este fin de semana. Présteme a su marido para que me cuide la casa”… Babalucas iba en el coche de su esposa. La señora se pasó una señal de alto y fue detenida por un oficial motociclista. Le pidió el agente: “Permiso para conducir”. Babalucas le dijo a su mujer: “Pásate al asiento de atrás. El oficial quiere conducir”… Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, sufrió una vergüenza muy grande. Llevó a pasear a su perrita Poodle, finísima y de elevado pedigrí, como ella. Nunca solía hacer ese paseo -el encargado era el mozo de la casa-, pero ese día el hombre se reportó enfermo, de modo que doña Panoplia hubo de cumplir esa función. Nunca lo hubiera hecho: iban por la calle camino del parque cuando un perrazo apareció de pronto y sin pedir permiso alguno empezó a hacer con la perrita lo que los perros hacen en la calle. Lo peor de todo es que lo hizo con pleno consentimiento de la Poodle, que no sólo admitió el hecho sin protesta, sino que al parecer lo disfrutaba mucho, a juzgar por su expresión extática. Doña Panoplia se apenó muchísimo, pues además la gente que pasaba celebraba con risas y comentarios picarescos el apuro de la encopetada dama. Llamó a un muchachillo que estaba cerca y le ofreció: “Te daré 50 pesos si me detienes a la perrita para alejarme yo unos pasos y no ver este espectáculo”. Respondió el chamaco: “Tendrá que darme 100. Es el perro del carnicero, y siempre asegunda”… “Creo que estoy empezando a superar mi problema de alcoholismo, doctor”, dijo muy animado el individuo. “Sigo viendo elefantes azules y cocodrilos verdes, pero ya no vuelan”… Se trataba de clavar unos postes de la electricidad. Al terminar la jornada de trabajo la cuadrilla de Babalucas puso tres. “¿Tres nada más?”, exclamó el capataz. “¡Los de la otra cuadrilla clavaron 30!”. “Sí”, reconoció Babalucas. “Pero los dejaron todos salidos”… Capronio le ofreció a su suegra: “Le regalaré un pasaje de avión a las Mil Islas, pero a condición de que se quede una semana en cada una”… Cierto señor, fanático golfista, viajó a una ciudad de playa en la que cada hotel tenía campo de golf. Llegó primero a uno que le habían recomendado sus amigos, pero desistió de registrarse en él porque las habitaciones eran carísimas: cada una costaba 5 mil dólares la noche. Se dirigió al hotel que estaba al lado, tan elegante como el otro, y se sorprendió gratamente al saber que las habitaciones ahí costaban -¡oh maravilla!-100 dólares. Se registró, pues, e inmediatamente se dirigió al campo a jugar. Pidió al encargado que le vendiera un par de pelotas. “Claro que sí, señor -le dijo el hombre, obsequioso-. Cuestan mil dólares cada una”. “¡Mil dólares! -se espantó el golfista-. ¡En el hotel de al lado las pelotas las venden a los huéspedes a un dólar!”. “Es cierto -replicó el otro-. A ellos los agarran por las habitaciones” (No le entendí)…FIN.