El Mañana

domingo, 22 de septiembre de 2019

Padre Leonardo López Guajardo
Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

Huérfanos

19 junio, 2019

Pues bien, acaba de pasar el día del padre, nuevamente ignorado, ¡hasta por los comerciantes!, que consideraron que la inversión en publicidad, no compensaría las ganancias que pudiera provocar este día.

Nunca he sido partidario de la promoción comercial de fechas como estas u otras similares, pero sí me da la impresión de que la figura del padre está más desacreditada, por la conducta irresponsable de muchos de ellos. Pero eso, no puede hacernos olvidar la ejemplaridad de muchos de ellos, que tratan de sacar a sus hijos adelante, contra todas las dificultades, no sólo en lo económico, sino en lo emocional, y más cuando vemos cada vez más y más jóvenes… Y no tantos, más dispuestos a obedecer y poner atención a las redes sociales, que a los acertados consejos de los padres.

No es fácil ser padre… Para muchos es claro saber cómo no debe de ser un padre, pero a la hora de definir su misión, nos encontramos con características muy fáciles de enunciar, pero difícil para aplicarlo en nuestra realidad concreta.

Veamos lo que dijo el Papa en una de sus audiencias sobre la paternidad:

“Ninguno de nosotros ha tenido padres perfectos, ninguno; como nosotros, a nuestra vez, nunca seremos padres o pastores perfectos. Todos tenemos defectos, todos. Vivimos siempre nuestras relaciones de amor bajo el signo de nuestros límites y también de nuestro egoísmo, por lo que a menudo están contaminadas por deseos de posesión o manipulación del otro. Por eso, a veces, las declaraciones de amor se convierten en sentimientos de rabia y hostilidad. Pero mira, estos dos se querían tanto la semana pasada; hoy se odian a muerte: ¡esto lo vemos todos los días! Es por eso, porque todos tenemos dentro raíces amargas, que no son buenas y a veces salen y hacen daño.

“Los hombres y las mujeres son eternamente mendigos del amor —nosotros somos mendigos de amor, necesitamos amor—, buscan un lugar donde ser amados finalmente, pero no lo encuentran. ¡Cuántas amistades y cuántos amores defraudados hay en nuestro mundo! ¡Cuántos! “El dios griego del amor, en la mitología, es el más trágico de todos: no está claro si es un ser angelical o un demonio. La mitología dice que es el hijo de Poros y de Penia, que es astuto y pobre, destinado a llevar algo de la fisonomía de estos padres. Desde aquí podemos pensar en la naturaleza ambivalente del amor humano: capaz de florecer y de dominar la vida en una hora del día, e inmediatamente después de marchitarse y morir; lo que atrapa, siempre se le escapa. Hay una expresión del profeta Oseas que enmarca despiadadamente la debilidad congénita de nuestro amor: ‘Vuestro amor es como nube mañanera, como rocío matinal que pasa’ (6, 4). Esto es lo que nuestro amor suele ser: una promesa que es difícil cumplir, un intento que pronto se seca y se evapora, un poco como cuando sale el sol por la mañana y se lleva el rocío de la noche.

“Cuántas veces los hombres hemos amado de esa manera tan débil e intermitente. Todos hemos pasado por esta experiencia: hemos amado, pero luego ese amor ha cesado o se ha vuelto débil. Deseosos de amar, nos hemos tenido que enfrentar, en cambio, con nuestros límites, con la pobreza de nuestras fuerzas: incapaces de mantener una promesa que en los días de gracia parecía fácil de lograr. Después de todo, incluso el apóstol Pedro tuvo miedo y escapó. El apóstol Pedro no fue fiel al amor de Jesús. Siempre hay una debilidad que nos hace caer. Somos mendigos que en el camino corren el peligro de no encontrar nunca por completo el tesoro que buscan desde el primer día de su vida: el amor”.

Es una misión difícil, sin lugar a dudas, pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com

guno de nosotros ha tenido padres perfectos, ninguno; como nosotros, a nuestra vez, nunca seremos padres o pastores perfectos. Todos tenemos defectos, todos. Vivimos siempre nuestras relaciones de amor bajo el signo de nuestros límites y también de nuestro egoísmo, por lo que a menudo están contaminadas por deseos de posesión o manipulación del otro. Por eso, a veces, las declaraciones de amor se convierten en sentimientos de rabia y hostilidad. Pero mira, estos dos se querían tanto la semana pasada; hoy se odian a muerte: ¡esto lo vemos todos los días! Es por eso, porque todos tenemos dentro raíces amargas, que no son buenas y a veces salen y hacen daño. “Los hombres y las mujeres son eternamente mendigos del amor —nosotros somos mendigos de amor, necesitamos amor—, buscan un lugar donde ser amados finalmente, pero no lo encuentran. ¡Cuántas amistades y cuántos amores defraudados hay en nuestro mundo! ¡Cuántos! “El dios griego del amor, en la mitología, es el más trágico de todos: no está claro si es un ser angelical o un demonio. La mitología dice que es el hijo de Poros y de Penia, que es astuto y pobre, destinado a llevar algo de la fisonomía de estos padres. Desde aquí podemos pensar en la naturaleza ambivalente del amor humano: capaz de florecer y de dominar la vida en una hora del día, e inmediatamente después de marchitarse y morir; lo que atrapa, siempre se le escapa. Hay una expresión del profeta Oseas que enmarca despiadadamente la debilidad congénita de nuestro amor: ‘Vuestro amor es como nube mañanera, como rocío matinal que pasa’ (6, 4). Esto es lo que nuestro amor suele ser: una promesa que es difícil cumplir, un intento que pronto se seca y se evapora, un poco como cuando sale el sol por la mañana y se lleva el rocío de la noche. “Cuántas veces los hombres hemos amado de esa manera tan débil e intermitente. Todos hemos pasado por esta experiencia: hemos amado, pero luego ese amor ha cesado o se ha vuelto débil. Deseosos de amar, nos hemos tenido que enfrentar, en cambio, con nuestros límites, con la pobreza de nuestras fuerzas: incapaces de mantener una promesa que en los días de gracia parecía fácil de lograr. Después de todo, incluso el apóstol Pedro tuvo miedo y escapó. El apóstol Pedro no fue fiel al amor de Jesús. Siempre hay una debilidad que nos hace caer. Somos mendigos que en el camino corren el peligro de no encontrar nunca por completo el tesoro que buscan desde el primer día de su vida: el amor”. Es una misión difícil, sin lugar a dudas, pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra. padreleonardo@hotmail.com

Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

¿Libres?

Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

‘Monte’