El Mañana

miércoles, 19 de junio de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Invierno sin frío

2 febrero, 2019

En estos días en que hemos leído y visto videos de las tremendas heladas de Chicago y otras ciudades del norte de Estados Unidos, le damos gracias a Dios que no nos haya llegada tan terrible frío. Yo me la he pasado quejándome de que ya no ha habido heladas como en otros tiempos, que las heladas son buenas porque se mueren muchas plagas (así decía mi abuelita). Y recuerdo cuando trabajaba en la Secundaria 3, allá por los ochenta, que nos cayeron unas buenas heladas que durábamos varios días bajo cero.
Recuerdo de aquellos tiempos con especial afecto a mis alumnos. Todos los días entraba a la primera hora o sea a las siete de la madrugada, llegábamos oscura la mañana y para mi sorpresa no me faltaba uno solo de los muchachos, ahí estaban contra viento y marea y helada, muchos con escasa ropa de invierno, había uno que se empalmaba camisa tras camisa, otro que se forraba primero de periódico y luego se ponía lo que tenía, pero no faltaban ni llegaban tarde. Aclaro que las aulas no tenían calefacción (ni aires acondicionados en verano), incluso de pronto faltaba algún vidrio en las ventanas y cubríamos el hoyo con cartones.
Eran muchachos ávidos, no de conocimiento, sino de una oportunidad para salir del hoyo en que la vida los había puesto, ellos no eran culpables de nada, nada hicieron para nacer donde nacieron, ni escogieron esa vida; pero estaban seguros que sí podían escoger otra, aunque les costara más trabajo que a los demás, a los que tenían todo, a los que llevaban en carro con buena ropa de marca, bien desayunados y con dinero para el lonche del descanso, pero bueno, tampoco ellos habían escogido nacer en buena cuna.
Recuerdo uno en particular que era muy bueno para jugar al voleibol, terminó su preparatoria con los mismos esfuerzos y sacrificios que la secundaria y llegó al Tecnológico. Obviamente pasó a formar parte del equipo del Tec y se echó toda la carrera con los uniformes deportivos que le daban, nunca lo vi con otra ropa, muchas veces, la mayoría, tenía que caminar todo el trayecto desde su casa hasta el Tecnológico, él lo tomaba como entrenamiento y hasta corría; así cursó toda la carrera y hoy es un magnífico ingeniero que estuvo muchos años en los Estados Unidos. Por cierto, que a sus hijos los tiene en uno de los colegios privados más caros de la ciudad.
No sé al otro lado, pero aquí, nada más hace un poquito de aire frío o sopla el norte y ya suspenden las clases, es cierto que las escuelas del otro lado están muy bien acondicionadas para ambos climas, todo bajo techo, con cafetería y toda la cosa, a la mayoría de los estudiantes los llevan en carro y la verdad, no les falta nada (nomás sarna qué rascarse, decía mi abuela), así que no se justificaría que suspendieran clases. Bueno en Chicago, Michigan y otras ciudades que están a 40º bajo cero ya suspendieron clases pues es materialmente imposible salir de las casas, pero todavía hace algunos días en que el termómetro marcaba varios grados bajo cero, asistían a la escuela.
Hace unos días, en el colegio donde trabajo, escuché a una madre de familia preguntar si habría clases, pues estaba pronosticada una baja de temperatura y posibles lluvias. – Sí señora, no habrá suspensión de clases- le respondió la prefecta. – Pues no voy a mandar a mi bebé con este frío- dijo olímpicamente; hay que aclarar que el “bebe” está en secundaria. Por eso estamos como estamos, no pensamos que estamos formando seres débiles, irresponsables y pusilánimes que al primer nortecito ya no quieren salir, a ver qué hacen mañana si es que trabajan y no los siguen manteniendo sus papacitos.
Bueno, aún nos quedan varios días de invierno, a ver si nos cae una heladita de las buenas, de esas que hacen estalactitas en los árboles y congelan los charcos, para sentir en la cara el aire frío y congelante que se nos mete hasta los huesos, habré de reconocer que a mí siempre me ha gustado el invierno muchos más que el verano, respeto a los que piensan lo contrario, pero extraño una buena helada, como aquellas de los ochenta, cuando trabajaba en la Secundaria 3.
Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un espléndido fin de semana en familia y como no va a hacer frío, pues lleve a sus hijos o nietos al parque y al zoológico. Y si son del otro lado, pues vengan, no pasa nada.