El Mañana

martes, 12 de noviembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Isla para tres

18 octubre, 2019

“¿Por qué te estás desvistiendo en presencia de ese hombre?”. Tal pregunta le hizo don Cornulio a su mujer cuando la sorprendió en situación irregular con un sujeto. “Te equivocas totalmente -adujo ella-. No me estoy desvistiendo. Me estoy vistiendo”… El doctor Ken Hosanna le dijo a su paciente: “Le tengo dos noticias, una mala y otra peor. Tiene usted tisis galopante. Y en el caso de esa enfermedad mis honorarios son por yarda”… Comentó Babalucas: “No me explico por qué Diosito no les puso a los zancudos una lucecita igual a la de los cocuyos o luciérnagas. Si tuvieran con qué alumbrarse no andarían en la noche picando a lo pendejo”… Himenia Camafría, célibe madura, se mostró decepcionada al ver el Gran Cañón del Colorado. Le dijo a su amiguita Celiberia: “Vine hasta aquí porque pensé que el Colorado era un hombre pelirrojo”… Doña Macalota entró sin avisar en la oficina de su esposo don Chinguetas. Cuál no sería su sorpresa -inédita expresión- cuando vio que el señor tenía sentada en el regazo a su linda secretaria. Antes de que la encrespada cónyuge pudiera articular palabra le dijo don Chinguetas: “No pienses otra cosa. El negocio va tan mal que estoy tomando un curso de ventriloquía”… Naufragó un barco. Tres sobrevivientes, dos mujeres en flor de edad y un hombre también joven, fueron a dar a una isla desierta, que a su llegada dejó de serlo. Bien pronto la naturaleza impuso sus dictados, y ambas chicas entraron en relación carnal con el muchacho. A fin de evitar celos o rencillas las mujeres elaboraron lo que en inglés se llama “schedule” y en español programa: a una de ellas el varón le haría el amor los lunes, miércoles y viernes, a la otra los martes, jueves y sábados. Los domingos el galán descansaría. A las pocas semanas de ese arreglo el pobre tipo andaba ya exhausto y agotado. Las ojeras le llegaban hasta la cintura, traía la mirada desvaída, vacilante el paso y tembloroso el pulso. La cosa se explica: no era de Saltillo. El varón que bebe las miríficas aguas de esa hermosa ciudad puede hacer frente a un compromiso así, y aun a otros mayores, sin que su integridad y fortaleza se vean disminuidas ni siquiera un ápice. El caso es que el hombre del relato estaba ya al borde de la extenuación por las continuas demandas amorosas de las insaciables féminas, que no daban reposo a su libido a costa de la salud del infeliz. Éste no oía de sus compañeras otras palabras que no fueran: “¡Otra vez!”, “¡Más aprisa!” y “¡Dale dale!”. Cierto día los náufragos vieron que una canoa se acercaba. En ella venía un hombre joven como ellos. “¡Estoy salvado! -pensó lleno de alegría el muchacho-. Me dividiré el trabajo con el compañero”. Pisó la playa el recién llegado e hizo caso omiso de las mujeres. Fue derechito al hombre y le dijo con melifluo acento: “Hola, guapo”. “¡Chin! -exclamó lleno de aflicción el lacerado-. ¡Se jodieron los domingos!”… Dos socios del club nudista vieron pasar a una hermosa socia. Le dijo uno al otro: “¡Mira nomás qué mujer! ¡Imagínatela vestida!”… La mamá de Dulciflor le preguntó: “Ese nuevo novio que traes ¿es hombre formal?”. “Y mucho, mami -respondió la chica-. No sólo tiene dos títulos universitarios y un empleo bien remunerado: además es casado y padre de cinco hijos”… Eran las 3:00 de la mañana, hacía un frío polar y llovía a cántaros. El encargado de la tienda de la esquina se sorprendió al ver a don Martiriano llegar por un café, y más porque sabía que el señor no tomaba café nunca. Le preguntó: “¿Es para su esposa?”. “¡Claro que es para mi esposa! -bufó don Martiriano-. ¿Acaso crees que mi santa madre me iba a mandar por un café en una noche como ésta?”… Don Magnacio, empresario con ideas modernas, era vehemente defensor del mercado libre. Un día llegó a su casa antes de lo esperado y sorprendió a su esposa en brazos de un desconocido. La señora no se turbó al verlo. Antes bien le dijo muy orgullosa: “¡Alégrate, Magnacio! ¡Ya estoy yo también en el libre mercado!”… FIN.