El Mañana de Nuevo Laredo

Padre Leonardo López Guajardo

Compartiendo Opiniones

Padre Leonardo López Guajardo

13 noviembre, 2019

Jornada de los Pobres



Desde hace tres años, el Papa ha convocado a todos a
recordar a los excluidos en la Jornada Mundial de los Pobres. Una oportunidad
para acercarnos a ellos, no a lo lejos enviándoles una ayuda sino hacerse
presente con ellos.

¿Qué pensamos de ellos? Es fácil juzgarlos culpándolos de su
pobreza por su irresponsabilidad. Pero, independientemente de su conducta, no
han perdido su dignidad.

Esta es una parte del mensaje del Papa con respecto a esta
conmemoración:

“Era una época en la que la gente arrogante y sin ningún
sentido de Dios perseguía a los pobres para apoderarse incluso de lo poco que
tenían y reducirlos a la esclavitud. Hoy no es muy diferente. La crisis
económica no ha impedido a muchos grupos de personas un enriquecimiento que con
frecuencia aparece aún más anómalo si vemos en las calles de nuestras ciudades
el ingente número de pobres que carecen de lo necesario y que en ocasiones son
además maltratados y explotados. Pasan los siglos, pero la condición de ricos y
pobres se mantiene inalterada, como si la experiencia de la historia no nos
hubiera enseñado nada. Las palabras del salmo, por lo tanto, no se refieren al
pasado, sino a nuestro presente, expuesto al juicio de Dios.

“También hoy debemos nombrar las numerosas formas de nuevas
esclavitudes a las que están sometidos millones de hombres, mujeres, jóvenes y
niños.

Todos los días nos encontramos con familias que se ven
obligadas a abandonar su tierra para buscar formas de subsistencia en otros
lugares; huérfanos que han perdido a sus padres o que han sido separados
violentamente de ellos a causa de una brutal explotación; jóvenes en busca de
una realización profesional a los que se les impide el acceso al trabajo a
causa de políticas económicas miopes; víctimas de tantas formas de violencia,
desde la prostitución hasta las drogas, y humilladas en lo más profundo de su
ser.

“Con frecuencia vemos a los pobres en los vertederos
recogiendo el producto del descarte y de lo superfluo, para encontrar algo qué
comer o con qué vestirse. Convertidos ellos mismos en parte de un vertedero
humano son tratados como desperdicios, sin que exista ningún sentimiento de
culpa por parte de aquellos que son cómplices en este escándalo. Considerados
generalmente como parásitos de la sociedad, a los pobres no se les perdona ni
siquiera su pobreza. Se está siempre alerta para juzgarlos. No pueden
permitirse ser tímidos o desanimarse; son vistos como una amenaza o gente
incapaz, sólo porque son pobres.

“Es como si para ellos se tratara de una jornada de caza, en
la que los pobres son acorralados, capturados y hechos esclavos. En una
condición como esta, el corazón de muchos se cierra y se afianza el deseo de
volverse invisibles. Así, vemos a menudo a una multitud de pobres tratados con
retórica y soportados con fastidio. Ellos se vuelven como transparentes y sus
voces ya no tienen fuerza ni consistencia en la sociedad”.

Hasta aquí el mensaje de una realidad que fácilmente ignoramos, porque ya tenemos demasiados problemas como para cargar otros. Es el camino fácil. Pero no es eso lo que nos hace más dignos de la vida. Nuestra ayuda debe de ser inteligente y no paternalista, porque a veces, ellos están tan lastimados, que se han vuelto incapaces de tomar las decisiones correctas. A veces, darles dinero es una manera de perjudicarlos y es la solución fácil. No basta la intención de ayudarles, sino saber ayudarles. Se necesita tanto la inteligencia como la disposición. Es tiempo de hacer la diferencia. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

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