El Mañana

lunes, 21 de octubre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Josefa Ortiz de Domínguez

13 septiembre, 2019

“Un pendejo callado es oro molido”. La frase es de Ernesto “El Chaparro” Tijerina, hombre de genio e ingenio, inolvidable amigo. Y este proverbio popular lo saqué de un libro de Xavier Gutiérrez, gran poblano: “No te le acerques a un chivo por delante, a una mula por atrás y a un pendejo por ningún lado”. Sirvan esos dos apotegmas como lección de vida… “Tengo dos culitos”, así le dijo en el teléfono un compadre a don Chinguetas. Con eso quería significar que estaba en compañía de dos damas complacientes, y que necesitaba a alguien que le hiciera el cuarto. Don Chinguetas se percató en ese momento de que su esposa, doña Macalota, había descolgado la extensión del teléfono, y por tanto estaba oyendo todo. Así, cuando su compadre le dijo: “Tengo dos culitos”, don Chinguetas contestó de inmediato: “Pues hágase operar, compadre, porque lo normal es tener solamente uno”… En mi ciudad cierto abogado litigante envió un oscuro memorial al juez que habría de sentenciar a su cliente, acusado de adulterio. La tal misiva decía, más o menos: “Señor juez: Le suplico tenga consideración para mi defendido, hombre bueno, trabajador y responsable cuyo único defecto es que le gusta mucho la nalguita”… Un mozalbete se quejaba: “Fui engañado al matrimonio. El rifle con que me amenazó mi suegro para que me casara con su hija no tenía balas”… La recién casada regresó de su luna de miel, la cual tuvo lugar en Niagara Falls. Les comentó a sus amigas: “Las cataratas fueron la segunda cosa que vi que no era tan grande como yo había pensado”… Jactancio P. Tulante, hombre presuntuoso y fanfarrón, hablaba de su novia. Declaró: “La traigo muerta”. Le sugirió un amigo: “Toma viagra”… El juzgador le dijo al acusado: “Veo en su expediente que ha tenido usted cinco procesos por fraude bancario y uno por acoso sexual”. “Es cierto, su señoría -admitió el reo-. El dinero no lo es todo en esta vida”… El cartel del teatro de variedades anunciaba: “Más de 50 coristas”. Don Cucurulo salió de la función muy decepcionado. Dijo: “Todas son coristas de más de 50”… Impericio le comentó a su amigo Libidiano: “Mi novia se queja de que soy muy aburrido al hacer el amor”. El amigo, hombre diestro en menesteres de colchón, le aconsejó: “Ponle sal y pimienta al asunto”. Al día siguiente Impericio le contó: “Anoche seguí tu consejo, y mi novia salió corriendo”. Preguntó Libidiano: “¿Le pusiste sal y pimienta al asunto?”. “Sí -respondió Impericio-. Ahí fue donde mi novia salió corriendo”… Don Poseidón, labriego acomodado, tenía una hija en edad de merecer. Y bien que mereció, pues un día les informó a sus padres que estaba un poquitito embarazada. “¡Con una! -rugió el severo genitor, que tenía la mala costumbre de no acabar nunca las frases-. ¿Y se casará contigo el papá de la criatura?”. “Es muy probable -respondió la chica-. Ya tengo la promesa de seis de los posibles padres”. (Nota: eran Crisógono, Audomaro, Leontino, Floro, Pacífico y Zenón. Otros tantos declinaron la responsabilidad: Veremundo, Laurencio, Teodorico, Cordífero, Palencio y Agatón)… Himenia Camafría, madura señorita soltera, solía flirtear con todos los varones a quienes conocía, pues quería pescar marido. (Muchas mujeres flirtean para pescar marido, pero el de las demás). Don Firulete, solterón acomodado, era uno de los objetivos de su cacería, por más que el buen señor no tenía interés alguno en unir su vida a la de la anhelosa célibe. Cierto día la señorita Himenia vio a su pretendido en una mesa de café. Llegó por atrás, le tapó los ojos y le dijo con insinuante voz: “Si me adivina quién soy me sentaré a tomarme un cafecito con usted y a platicar de nuestras cosas”. Don Firulete supo quién era la que hacía eso, y al punto contestó: “¡Doña Josefa Ortiz de Domínguez!”… FIN.