El Mañana

jueves, 19 de septiembre de 2019

Padre Leonardo López Guajardo
Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

La apuesta

10 julio, 2019

Las apuestas han existido prácticamente desde los inicios de la humanidad y se han creado verdaderas industrias comerciales en torno a este hábito. Sin embargo, hay circunstancias en que expresan una notable falta de inteligencia y sensatez, en que algunas de estas apuestas, figuran como notas curiosas en los periódicos.

Una de ellas, ocurrió hace unas semanas en Australia, donde una persona le apostó a David Dowel, de 34 años -seguramente bajo la influencia del alcohol-, si era capaz de comerse un pequeño lagarto gecko, autóctono de ese país, que tuvo la desgracia de estar presente en ese momento. Dowel lo hizo, ganó la apuesta, pero a los pocos días, como es fácil imaginar, comenzó a experimentar unos espantosos síntomas, que acabaron dolorosamente con su vida.

Años antes, otro australiano, un joven deportista de rugby llamado Sam Ballard, a los 19 años estaba con sus amigos, ingiriendo alcohol, cuando una babosa pasó por allí. En ese momento, alguien sugirió, si había alguien dispuesto a comérsela y Ballard aceptó el reto, y consumió el animal, sin haber una apuesta de por medio. El resultado, una infección que le afectó el cerebro de tal manera, que quedó tetrapléjico, durante 9 años, hasta que falleció. Uno de sus amigos lamentó no haber sido capaz de detener su acción.

Resulta irónico pensar que la trascendencia que tuvieron estas personas, en algunos medios de comunicación, se realizó por sus actos de poca lógica, y donde las acciones inteligentes son fácilmente ignoradas y descartadas como interesantes.

Es difícil imaginarse que existan personas que acepten una apuesta así, y más aun a esa edad. Pero muchos de nosotros, hacemos y buscamos eventos que nos destruyen, para llamar la atención y una valentía, que no soportaría un grado de inteligencia. Las redes sociales están saturadas de caídas y golpes, que para muchos pueden ser graciosos, pero para sus protagonistas pueden ser dolorosos, pero compensados porque, quizás, muchos le dieron un “like”, o lo compartieron.

Quizás, muchos de nosotros hemos realizado también acciones temerarias que no justificarían el más mínimo juicio de la sensatez que, en la mayoría de los casos, nos parecieron divertidas y hasta las llegamos a presumir en nuestro círculo de amigos, pero, en más casos de los que nos imaginamos, sus repercusiones y acciones provocaron consecuencias que, aunque no se divulgaron en medios de comunicación, marcaron la vida de quienes los hicieron, o a víctimas inocentes.

Quizás uno de los aspectos más notables de esta conducta, se ha mostrado en el trato que damos a la naturaleza, con un fuerte derroche de recursos, muchos de ellos irrecuperables, si no modificamos nuestra conducta, pagaremos las consecuencias. Los altos índices de calor y la inesperada plaga de sargazo, son solamente un par de consecuencias.

El Papa escribió hace algunos años:

“Al mismo tiempo, crece una ecología superficial o aparente que consolida un cierto adormecimiento y una alegre irresponsabilidad. Como suele suceder en épocas de profundas crisis, que requieren decisiones valientes, tenemos la tentación de pensar que lo que está ocurriendo no es cierto. Si miramos la superficie, más allá de algunos signos visibles de contaminación y de degradación, parece que las cosas no fueran tan graves y que el planeta podría persistir por mucho tiempo en las actuales condiciones. Este comportamiento evasivo nos sirve para seguir con nuestros estilos de vida, de producción y de consumo. Es el modo como el ser humano se las arregla para alimentar todos los vicios autodestructivos: intentando no verlos, luchando para no reconocerlos, postergando las decisiones importantes, actuando como si nada ocurriera”.

Es tiempo de modificar nuestra conducta. Es de dejar de apostar por una conducta en la que todos perdemos. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com

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