El Mañana

martes, 23 de abril de 2019

Guadalupe Loaeza
Artículo Guadalupe Loaeza

La bien querida

18 enero, 2019

Todo el mundo la quiere. Basta con platicar con ella un ratito, escucharla y ahondar en una diversidad de temas que tienen que ver con las necesidades de nuestro país y del mundo para percatarse de su calidad humana. “Es la mujer más inteligente que conozco”, me dijo hace un tiempo uno de sus amigos. Es cierto, su inteligencia es tan intelectual como emocional, por eso Ale abarca tantas cosas con una absoluta apertura, su cabeza y su corazón están perfectamente bien conectados.

Todo lo entiende, todo lo reflexiona y todo lo absorbe. Además de estas virtudes, debo de mencionar que tiene la fortuna de contar con un inmenso sentido del humor, lo cual resulta muy grato cuando se es su amiga. Ale cree tanto en la amistad que por sus amigas y amigos es capaz de todo; si están tristes los apapacha, los hace reír, les lleva hasta su casa un detallito, les manda una frase bonita por WhatsApp, o bien, les regala una botella de mezcal cuya fórmula secreta nada más conoce don Antonio, su padre de 92 años, creador de muebles de estilo colonial mexicano.

Si Ale es como es, es gracias a Alejandra mamá, pintora de estilo figurativo y la persona más generosa, amable y cálida que conozco (de joven se parecía a Claudia Cardinale). Las puertas de su casa de Coyoacán siempre están abiertas para los amigos de sus tres hijos y para todos aquellos que gustan de la cocina mexicana y de la conversación inteligente y divertida. Hay algo mágico en esa casa de piedra, tal vez se deba a la colección de artesanías mexicanas reunidas por don Antonio desde la década de los cincuenta o quizá a los muebles rústicos de madera diseñados por él.

Las fiestas en casa de los papás de Ale pueden durar hasta las 5 de la mañana, después de haber ingerido aquel mezcalito con ese sabor tan misterioso que suele llevar al bebedor o bebedora a lugares inimaginables.

A Ale la conozco desde hace muchos años. Hemos viajado juntas, luchado por los mismos ideales; las dos estamos enamoradas de París, donde vive su hermano Antonio, desde hace muchos años, como arquitecto. Pero lo que más nos une es el gusto por los huipiles y rebozos. Cuando nos ha gustado el mismo textil o rebozo, es tan generosa Ale, que siempre me lo cede con una enorme sonrisa. Así es ella, cero envidiosa, nada competitiva, muy respetuosa y feliz de poder dar gusto a los demás.

Siempre he pensado que Ale es una mujer muy soñadora e idealista, pero curiosamente también es muy realista. Proyecto que se propone, proyecto que saca adelante. A ella no se le cierran las puertas, al contrario, sabe abrirlas de la manera más eficaz del mundo. Así logró, como secretaria de Cultura de Guerrero, que niños muy marginados de la colonia Renacimiento, de Acapulco, asistieran todos los días a su clase de música hasta formar una orquesta infantil armoniosa y muy conmovedora.

Ella dice que donde más pobreza hay es donde más riqueza existe. Así lo logró en la formación de compañías de teatro, de circo y colectivos de artes plásticas, gastronomía y cocina tradicional. Así logró hacer un espléndido papel cuando estuvo como directora de Culturas Populares en el desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

El entonces secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, me comentaba la suerte que tenía de contar con alguien como Ale. Y, por último, así lo logró al convertir Los Pinos, el ex hogar de 14 presidentes, en un verdadero museo, a donde han asistido hasta hoy más de 500 mil visitantes. Ahora como secretaria de Cultura, Ale también ha llevado a los extensísimos jardines de Los Pinos la filmación de la toma de protesta en vivo del presidente Andrés Manuel López Obrador, orquestas de la Escuela de Música Carlos Chávez y la película Roma, de Alfonso Cuarón.

La respuesta del público que entró a Los Pinos, gratuitamente, y que se pudo instalar en los jardines sobre unos petates muy confortables, fue de absoluta euforia. Ale está felizmente casada con el espléndido cineasta australiano Michael Rowe, a cuya hija, Jimena, le ha abierto su corazón con un enorme sentido maternal. Alejandra, feminista como pocas, dice que está feliz de que la Secretaría de Cultura se instale en Tlaxcala, porque además de que es un lugar totalmente cultural, respirará el aire puro.

También nosotros, con Alejandra Frausto, respiraremos cultura de alta calidad gracias a su profundo amor por México. gloaezatovar@yahoo.com

Artículo Guadalupe Loaeza

Perdón