El Mañana

domingo, 22 de septiembre de 2019

Los Redactores
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La Ciudad de Papel

25 junio, 2019

El aguacate en gran parte de México ha alcanzado un precio de 100 pesos por kilo y se estima que pueda llegar a los $130, aunque en la región oscile entre los $70 y $80 según el día y el lugar; todo esto debido a que la producción de aguacate se encuentra en la fase final, por ello se estima que para finales de julio o agosto se normalice el precio.

A todo esto se suma un fenómeno de gran demanda mundial -acentuada en Estados Unidos- de aguacate, un manjar que no hace mucho que comenzó a ponerse de moda como un “exótico” manjar mexicano, ante este elevado consumo se desencadenó una enorme producción que está teniendo sus pros y contras.

Por un lado las exportaciones de este producto han subido, lo que en teoría es bueno, pero a costa de una sobreexplotación de predios y hasta una tala desmedida para convertir áreas boscosas en sembradíos de aguacate.

La guerra comercial por el aguacate entre los productores mexicanos ha sido otro daño colateral que puede escalar en sus proporciones en los siguientes meses y años, pues se trata de un producto tan demandado que en el marco de querer acaparar ese mercado se están cometiendo algunos atropellos -especialmente ecológicos- para atender esa demanda.

Como cada temporada de calor, la ciudad enfrenta problemas derivados de las altas temperaturas, por un lado los sectores habitacionales y ahora también escuelas que se quedan sin luz y sus actividades usuales se ven afectadas.

Niños tomando clases a la intemperie por falta de electricidad es un escenario que se está repitiendo cada vez más, pero mientras los entes se dedican a echarse la bolita, pasan los días y los alumnos no avanzan igual en sus asignaturas.

Para bien o para mal, el ciclo escolar está llegando a su fin, incluso para algunos ya concluyó, pero con eso de los diferentes calendarios, todavía muchos deben resolver el final de los cursos en un ambiente de extremo calor.

De un momento a otro se desataron los tremendos vientos en la ciudad que tomaron por sorpresa a muchos que se encontraban en las calles y atemorizó a otros tantos, pues es bien sabido que Nuevo Laredo es una ciudad de papel, que cualquier viento tumba árboles y cualquier lluvia inunda las calles.

Quienes han vivido en carne propia las experiencias de las inundaciones y las otras afectaciones por trombas, se muestran temerosos cada que el clima amenaza con otro episodio de esa naturaleza.

Sabemos todos que la ciudad realmente no está preparada para una contingencia, aunque afortunadamente no es zona de terremotos ni tornados, al menos un par de veces al año vivimos un fenómeno climatológico de proporciones suficientes para vulnerar la infraestructura de la ciudad y el patrimonio de los neolaredenses.