El Mañana de Nuevo Laredo

Padre Leonardo López Guajardo

Compartiendo Opiniones

Padre Leonardo López Guajardo

25 septiembre, 2019

La consumación



Siempre he pensado que la fiesta que deberíamos celebrar en la conmemoración de la independencia, no es al iniciar la batalla, sino cuando se termina, y, si leemos con atención la historia, no fue precisamente de la manera que imaginaron Morelos, Hidalgo y Allende, sino, con prácticamente otros líderes muy distintos de quienes comenzaron, aquellos que, en un momento fueron cabecillas, parecían más bien simples subordinados. Y quienes se opusieron con todas sus fuerzas, fueron los que la consumaron, con la entrada del Ejército Trigarante el 28 de septiembre de 1821.

Sin embargo, los principales problemas de México apenas comenzaban. Pareciera que el ser independientes, parecía ser más un castigo que un premio, de tal manera de que muchos sinceramente pensaban seguir bajo el yugo español que bajo el yugo, de los aún más ambiciosos y déspotas gobernantes mexicanos, algunos de estos insignes cuyos nombres vemos por las calles y hasta estatuas se les han erigido, donde las guerras intestinas duraron durante más de un siglo.

Pero, en fin, somos hijos de esa historia, de una independencia la cual no hemos sido capaces de consumar, donde hay nuevas esclavitudes, injusticias e impunidad. Una lucha de la Independencia que no acaba de terminar.

Hace unos años, en una exhortación el Papa escribía:

“Cuando la sociedad —local, nacional o mundial— abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca.

“Si cada acción tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de disolución y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas, a partir del cual no puede esperarse un futuro mejor. Estamos lejos del llamado ‘fin de la historia’, ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas.

“Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo. El que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos. Aun con la dolorosa conciencia de las propias fragilidades, hay que seguir adelante sin declararse vencidos.

“Los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!”.

Hasta aquí las palabras del Papa. Un buen mexicano no es quien grita “viva México”, sino que es el que hace que México viva. Hagamos la diferencia, pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo.hotmail.com

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