El Mañana

jueves, 23 de enero de 2020

Padre Leonardo López Guajardo
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La Cumbre de Madrid

4 diciembre, 2019

En el transcurso de esta semana, ha iniciado una importante
reunión que concentrará representantes de más de 120 países: “La Cumbre de
Madrid”, donde el principal atractivo, más que las conferencias, es la
presencia de la joven activista Greta Thunberg, quien se ha convertido, a sus
16 años, en la figura más visible en la lucha del cambio climático.

Se tratará una vez más un tema que no puede dejar
indiferente a ninguna persona: el cambio climático. Un planteamiento
ampliamente cuestionado por líderes mundiales como Donald Trump y Jair Bolsonaro.

No dejo de preguntarme si han servido estas reuniones. Sería
una respuesta demasiado simplona el afirmar que no han servido, pero probablemente
no con los resultados que nos gustarían.

Probablemente los intereses económicos han sido demasiado
fuertes como para contrarrestarlos. Pero no deja de ser revelador que muchos de
nosotros no hemos modificado mucho nuestros comportamientos que digamos, ante
el problema de la contaminación y el cambio climático. Mientras nuestra apatía
y desidia sigan siendo lo que rija nuestro comportamiento, el mundo se irá
convirtiendo día con día en un lugar menos habitable, esperando en que no
hayamos llegado al punto de no retorno

Desde hace años, se lanzó un llamado a la participación
ciudadana exhortándonos a separar la basura para un mejor aprovechamiento. Los
resultados fueron tan pobres, combinándose la falta de organización por un lado
y la indolencia de muchos de nosotros. En un futuro más cercano de lo que nos
imaginamos, seremos juzgados por los hombres y mujeres del futuro que
recriminarán nuestra falta de empeño.

Pero también tenemos que reconocer que algunos cristianos
comprometidos y orantes, bajo una excusa de realismo y pragmatismo, suelen
burlarse de las preocupaciones por el medio ambiente. Otros son pasivos, no se
deciden a cambiar sus hábitos y se vuelven incoherentes. Les hace falta
entonces una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las
consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que
los rodea.

Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es
parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en
un aspecto secundario de la experiencia cristiana. Recordemos el modelo de san
Francisco de Asís, para proponer una sana relación con lo creado como una
dimensión de la conversión íntegra de la persona. Esto implica también
reconocer los propios errores, pecados, vicios o negligencias, y arrepentirse
de corazón, cambiar desde adentro. La crisis ecológica es un llamado a una
profunda conversión interior o lo que es lo mismo una conversión ecológica, que
implica examinar nuestras vidas y reconocer de qué modo ofendemos a la creación
de Dios con nuestra forma de actuar, reconociendo nuestros propios errores,
pecados, vicios o negligencias. Es un cambio desde adentro, un cambio en el
corazón de tal forma que podamos reconciliarnos con la creación. Ese es el
objetivo principal de la ecología integral.

Es tiempo de hacer la diferencia. Pero en ello, como
siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com

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