El Mañana de Nuevo Laredo

Álvaro Morales

Sentir Cívico

Álvaro Morales

5 julio, 2020

La enfermedad del miedo



“El hombre más peligroso es aquel que tiene miedo”. Ludwig Börne

José Saramago, en su genialidad, escribió un libro llamado “Ensayo sobre la ceguera”. En su novela, una enfermedad contagia a las personas haciéndolas perder la vista. El pánico se apodera de todos, los enfermos se encierran creando su propio mundo lleno de conflictos, el gobierno toma una serie de medidas ineptas gobernadas por el miedo. El pánico entre los enfermos encerrados y en los sanos de fuera aumenta gradualmente hasta que aquellos que aprenden a aprovecharse de esa incertidumbre y miedo comienzan a tomar el control. Surgen los peores sentimientos, el hambre, los crímenes, se muere la gente y la solidaridad. Pronto los que sí ven, los del gobierno que custodian a los enfermos, tienen acciones más desatinadas, de pánico, llevando a la gente casi a morirse de hambre. Es hasta que la ceguera desaparece que todos se dan cuenta del daño que cometieron y sus terribles errores.

El virus que enfrentamos requiere, sin duda, medidas que permitan salvaguardar la salud, pero no es sencillo. A medio año de cuarentena, el problema no es sólo la infección del coronavirus, sino el resto de males que ha acarreado. Familias enteras ya resienten el peso económico. La afectación psicológica del encierro hace estragos en muchos. Los empleos escasean, negocios ya no pueden continuar, cada vez son más cercanos los infectados. No es sencillo.

Ante esto, es normal que el miedo nos gane, que comencemos a buscar culpables. Es normal que haya quien se aproveche de ese miedo y lo use para su propio beneficio. Así nacen acciones como las de solicitar que se cierren las fronteras y regresar a personas, como las de cerrar los supermercados los fines de semanas como si el virus saliera de compras los sábados y domingos. Y lo peor es que nosotros mismos nos infectamos de ese miedo. 

Las medidas tomadas por el gobierno del Estado han sido marcadamente erróneas, nacidas de la estrategia del Gobernador para utilizar el miedo a su favor. Pero el error de estas estrategias es que no favorecen a impedir la propagación del virus, se toman al vapor, sin planificación, sin estrategia, con golpes de timón. 

Se anuncia que cerrarán durante dos días los supermercados y algunas cadenas de autoservicio. Como acto seguido, la población se abalanza sobre esos negocios, hace compras de pánico, se llevan todo y esos lugares se convierten en focos de infección. ¿Cómo ayudan a prevenir el contagio? ¿Por qué no mejor se establecieron medidas en que los clientes que asistieran a esos negocios llegaran, se registraran y esperaran en sus vehículos a que fueran llamados para pasar a comprar? ¿No hubiera sido más benéfico apostar por destinar una partida económica que permitiera a los supermercados hacer contrataciones temporales y fortalecer las compras a domicilio mediante teléfono o internet? Con una pequeña inversión del Estado se pudieron implementar plataformas en línea que facilitaran las compras por este medio y crear un programa temporal de empleo en que se contrataran repartidores para entrega a domicilio.

¿Toque de queda por las noches? ¿Acaso el virus es nocturno? ¿De nuevo el hoy no circula? A pesar de ser ilegal. ¿En qué ayudan? Ya las calles estaban vacías por las noches. Si vemos más gente por las tardes es porque tienen que salir a trabajar.
Las víctimas del virus no sólo son aquellos contagiados o quienes lamentablemente han perdido la vida. Son víctimas también quienes han perdido su empleo, quienes no han podido abrir sus negocios, los comerciantes que no pueden vender, aquellos que no reciben clientes, a los que el encierro ya les comienza a afectar psicológicamente. Esos a quienes las erróneas medidas del gobierno tamaulipeco no ha tomado en cuenta.

Por petición de los propios gobernadores, se les respetó la autonomía a las entidades federativas para imponer las medidas adecuadas acorde a las necesidades de cada población. Como consecuencia en Tamaulipas hemos visto que no hay estrategia. Se toman medidas, se quitan al día siguiente. No son integrales.

¿Impedir que ingresen los turistas estadounidenses? Medida de pánico que además fue mal implementada, pues hay evidencia de que a muchos ni siquiera les tomaron la temperatura o les preguntaron nada. Todos, a estas alturas, conocemos los riesgos de la enfermedad y su contagio, por lo que es responsabilidad de nosotros mismos tomar medidas y cuidarse, así como responsabilidad de quienes los reciben. Pero, considerando las estadísticas, ¿acaso no era más beneficioso que vengan? Podrían producir una derrama económica que apoyara a muchas familias que ahorita lo necesitan. Pero quienes asuman el riesgo los pueden atender. Basta ver el caso de Laredo, Texas, en donde el cierre fronterizo ha causado mayor daño económico y llevado negocios a la quiebra mientras sus contagios no bajan.

Si dejamos que el pánico nos gane, pronto estaremos totalmente aislados, tomando decisiones más equivocadas, sufriendo mayores necesidades. La realidad es cruda, la posibilidad de contagio es latente y seguirá mientras no haya una vacuna o un tratamiento totalmente efectivo. Las medidas son para no saturar los hospitales, pero es claro que el riesgo de contagio ahí está y es posible que hasta un 60 o 70 por ciento de la población llegue a enfermarse. Todos debemos asumir nuestra responsabilidad sabiendo las consecuencias. Quienes puedan quedarse en casa tendrán menos posibilidades de contagio. Quienes tengamos que salir a ganarnos la vida, debemos tomar todas las medidas posibles para cuidarnos.
El gobierno del Estado podría tomar medidas más eficaces que impliquen también un alivio a la economía. Estudiar las consecuencias de sus medidas. Porque la acumulación de personas ocurrida el jueves y viernes en los supermercados, lejos de evitar contagios, seguramente provocó algunos cuantos.

O tal vez, como mucha gente opina, la razón del Gobernador de actuar así, con el pánico, es para poder victimarse, sacar dinero por multas, surgir como un héroe, sacar beneficio político. Pero bueno, ese es problema de él y sus traumas. Nosotros habremos de ser responsables, actuar con cuidado y no dejarnos invadir por el miedo.

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