El Mañana de Nuevo Laredo

Xavier Oliveras González

Desde la Frontera

Xavier Oliveras González

30 mayo, 2020

La fronterización se incrementa



¿Se acuerdan de que, caído el muro de Berlín en 1989, se afirmaba que las fronteras estaban camino a desaparecer, que nos acercábamos a un mundo sin fronteras? Y fíjense ahora dónde estamos, en uno con todas las fronteras (prácticamente) cerradas por la contingencia sanitaria del Covid-19. Apenas es una fracción pequeñísima de la historia de la humanidad y en cambio la diferencia es abismal.

El anhelo para que desaparecieran las fronteras, y que en su lugar prevalecieran la convivencia y la igualdad, se remonta a tiempos inmemoriales. Ese ha sido el objetivo de muchas creencias religiosas e ideologías políticas, desde el cristianismo al anarquismo; este último, por ejemplo, lo deja bien claro al reclamar “Ni estados ni fronteras”, una de sus consignas más conocidas. Así, uno pensaría que los anarquistas se sumaron a aquel optimismo y entusiasmo de los noventa. Sin embargo, algo no debía cuadrar cuando en 1996 marcharon por las calles de Chicago, junto a activistas chicanos y latinos, contra la política migratoria estadounidense y bajo pancartas de “No Border”, “No One is Ilegal”, “Viva Zapata” y, cómo no, “Ni estados ni fronteras”.

La caída del muro de Berlín no fue el símbolo del fin de las fronteras -en parte, porque a la vez se mantuvieron en pie los de Chipre, Corea y el Sáhara Occidental-, sino el del triunfo del capitalismo, desbocado en la globalización neoliberal autoritaria en la que vivimos. ¿Entonces qué ocurrió con las fronteras? Pues que, y haciendo un símil con la ley de la conservación de la materia, no se destruyen, sólo se transforman.

Primero tuvimos una transformación neoliberal, radical en lo económico, con la apertura de las fronteras a los flujos comerciales y financieros (al menos, los legales) mediante los tratados de libre comercio (como el TLCAN) y las uniones aduanales (como la Unión Europea). Aunque no fue algo del todo nuevo, sino que ya se venía cocinando desde el siglo XIX, con la supresión de las aduanas interiores y de los aranceles (como el Zollverein germánico de 1834).

Paralelo a aquella apertura, los Estados incrementaron las restricciones y la represión a la movilidad de las personas, especialmente la de aquellas más vulnerables, para convertirlas en una masa de individuos sin derechos. La securitización derivó en la construcción de nuevos muros fronterizos, como el de Estados Unidos con México y otros setenta más en todo el mundo; la de centenares de centros de detención de migrantes y de refugiados a lo largo y ancho de la geografía mundial; y la extensión de los controles migratorios y aduanales más allá de los propios límites fronterizos, para llevarlos tanto al interior del propio territorio como al de terceros países, a lo largo de las rutas migratorias y de las cadenas productivas. Con todo ello se consumó un giro autoritario en materia de seguridad, derechos y control social.

Y ahora se suma un factor más: el riesgo sanitario, como prueban las medidas tomadas ante el coronavirus. Acomodándose a la lógica que ya venía, no es que las fronteras (terrestres, aéreas y marítimas) se hayan cerrado por completo, sino que se han intensificado las restricciones. Mientras se han mantenido abiertas para los flujos económicos, para no afectarlos, el Estado limita la movilidad de las personas si considera que sus motivos no son “esenciales”.

El coronavirus se irá, pero la fronterización permanecerá. En varios países ya se ha debatido la implementación del llamado “pasaporte sanitario”, lo que, como para otros casos, no se trata de una novedad. El control sanitario siempre ha sido una de las funciones fronterizas básicas, y precisamente el pasaporte, tal y como lo conocemos hoy en día, se impuso como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y… de la gripe española de 1918. Por razones de seguridad, con él los países pretendían evitar el espionaje y el contagio. Aunque en ese momento el seguimiento sanitario individualizado no fue técnicamente posible, hoy sí, en la forma de varias apps ya en desarrollo.

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