El Mañana

miércoles, 19 de junio de 2019

Guadalupe Loaeza
Artículo Guadalupe Loaeza

La Güera Rodríguez

12 abril, 2019

Nada me hubiera gustado más que haber conocido a la Güera Rodríguez, como llamaban a María Ignacia Rodríguez de Velasco, una mujer bellísima, de ojos azules, pelo color del trigo, pero sobre todo libre, y con un tremendo afán de libertad, no nada más para ella sino para la patria, de allí que luchara con absoluto fervor por la Independencia desde 1808 hasta su consumación en 1821.

Humboldt la describe como la mujer más hermosa que había visto en sus viajes y la marquesa Calderón de la Barca cuenta en su libro “La vida en México” que casi se pasmó al verla pues no obstante tenía más de 50 años: “La Güera conserva una profusión de rizos rubios, sin una sola cana, preciosos dientes blancos, muy lindos ojos y gran vivacidad”.

A pesar de ser una güera súper “fifí”, amiga íntima de virreyes, fue una mujer mexicana muy valiente. Era tan ilustrada que se le comparaba a Madame de Staël, escritora, ensayista, actriz y filósofa de la política.

Hace unos días tuve el privilegio de entrevistar a Guillermo Barba, autor de “La Conspiradora”, un thriller histórico de un personaje fundamental para la Independencia de México. Además de ser la Güera Rodríguez inspiradora de grandes pasiones, también lo era de envidias debido, como dice Barba, a su inteligencia: “De la Ilustración adquirió la voluntad de conocimiento, la pasión por la libertad y, muy importante, el afán por obtener la felicidad. Fue una libertina ilustrada. Este rasgo hace que los primeros cronistas e historiadores la traten con misoginia o picardía, y las mujeres con un toque de encubierta moralidad, criticándola bajo las normas morales de la burguesía, y no con las del Siglo de las Luces”. Su cultura política se debía a su cercanía al Ayuntamiento y a la influencia de su padre y su cuñado, el marqués de Uluapa, ambos regidores.

Rodríguez nace el 20 de noviembre de 1778 en la Ciudad de México, en el seno de una familia noble de criollos de abolengo. Barba me contó que se casó tres veces. La primera, de 15 años y por orden virreinal, con Gerónimo López de Peralta Villar y Villamil. La segunda, a los 27, con Juan Ignacio Briones Fernández, y por último, a los 47, eligió un marido mucho más joven que ella, Manuel Elizalde Marticorena.

A pesar de que la era muy rechazada por la entonces burguesía mexicana, hizo todo lo posible porque sus tres hijas se casaran, súper bien. María Josefa, con Pedro José Romero de Terreros, conde de Regla; Paz, con José María Rincón Gallardo, marqués de Guadalupe, y Antonia, con el marqués de San Miguel de Aguayo.

Hay que decir que lo fundamental en la vida de la Güera Rodríguez fue su compromiso social y político con la Independencia de México. He aquí lo que el autor cuenta en su libro: “En 1808 forma parte del partido criollo que intenta la autonomía (primer paso a la independencia), sirviendo de espía e intrigante en la corte. En 1809 debido a una conjura contra los principales líderes del partido gachupín, acusándolos de intentar asesinar al arzobispo virrey Francisco Javier Lizana y Beaumont, la Inquisición investiga a la Güera Rodríguez y la destierra de la ciudad. En 1810 va a Querétaro, primero, y a Dolores después, donde apoya con dinero a Hidalgo y Allende. Más tarde se incorpora a la organización secreta de Los Guadalupes, sirviendo de espía y aportando dinero y pertrechos a la causa insurgente. En 1820, la Güera logra que Iturbide sea nombrado Comandante de los Ejércitos del Sur, planeando de antemano que en lugar de combatir a los insurgentes los unificara para lograr la independencia. El Plan de Iguala o de Las Tres Garantías es realizado en su casa por sus contertulios. Con gran rapidez Iturbide logra la victoria. En 1847, a los 69 años de edad y ya enferma, patrocina con su dinero un regimiento para enfrentar a los invasores norteamericanos. Sus últimos años los pasó en penitencia, vestida con los hábitos de la Tercera Orden de San Francisco. Se dice que murió de una enfermedad degenerativa, pasando sus últimos años en una silla de ruedas. Fue enterrada en la capilla de la Tercera Orden de San Francisco, derruida durante la Reforma”.

Algo me dice que si viviera la Güera, seguramente y debido a sus convicciones tan patriotas, sin duda (a pesar de ser “fifí”), hubiera pertenecido a Morena.

gloaezatovar@yahoo.com