El Mañana de Nuevo Laredo

Padre Leonardo López Guajardo

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Padre Leonardo López Guajardo

5 mayo, 2020

La invasión del 2020



La batalla de Puebla del 5 de mayo de 1862, es una de las fiestas nacionales más conmemoradas por los mexicanos que viven en Estados Unidos, incluso más que el día de la Independencia.

No voy a explayarme recordando los acontecimientos, pero hoy, de una manera inesperada, también nos encontramos en una situación que nos recuerda ese acontecimiento: hemos sufrido la invasión de una enfermedad que ya ha causado centenares de bajas y que nos tiene prácticamente atrincherados y con el miedo de quedar heridos.

Y que, como toda guerra, ha exigido sacrificios y grandes pérdidas. También héroes y villanos, incertidumbres y preocupaciones. Nos han permitido conocernos un poco más a nosotros mismos y añoramos la normalidad en la que vivíamos antes de esta invasión.

Y son precisamente los momentos difíciles los que más nos ayudan a aprender. ¿Saldremos como mejores personas de esta situación? ¿Han mejorado sus relaciones con las personas que viven cerca de usted? En muchos más casos de los que quisiéramos, la violencia doméstica se ha incrementado: son las batallas perdidas.

En su audiencia del 19 de febrero, el Papa comentaba:

“Aquí debemos mencionar el pecado de la ira, un gesto violento, cuyo impulso todos conocemos. ¿Quién no se ha enfadado alguna vez? Todos. Debemos volver al revés la bienaventuranza y preguntarnos: ¿Cuántas cosas hemos destruido con la ira? ¿Cuántas cosas hemos perdido? Un momento de ira puede destruir muchas cosas; se pierde el control y no se valora lo que es realmente importante, y se puede arruinar la relación con un hermano, a veces sin remedio. Por la ira, tantos hermanos no se hablan, se alejan uno del otro. Es lo contrario de la mansedumbre. La mansedumbre reúne, la ira separa.

“La mansedumbre, conquista muchas cosas. La mansedumbre es capaz de ganar el corazón, salvar amistades y mucho más, porque las personas se enfadan, pero luego se calman, se replantean las cosas y vuelven sobre sus pasos, y así se puede reconstruir con la mansedumbre”.

Reflexionando sobre esto, nuestra crisis sanitaria no es lo peor que ha pasado, sino que, en muchos casos, puso al descubierto lo que nosotros somos, lo que la rutina se ha encargado de ocultar o disimular.

Estamos en una guerra, en la que los soldados más valiosos no son los violentos y astutos, sino los conciliadores.

“¿Quiénes son, pues, los ‘trabajadores de la paz’? -se pregunta el Papa-. El amor, por su naturaleza, es creativo -el amor es siempre creativo- y busca la reconciliación a cualquier costo. Son llamados hijos de Dios aquellos que han aprendido el arte de la paz y lo practican, saben que no hay reconciliación sin la donación de su vida, y que hay que buscar la paz siempre y en cualquier caso. ¡Siempre y en cualquier caso, no lo olviden! Hay que buscarla así. No es una obra autónoma fruto de las capacidades propias, es una manifestación de la gracia recibida de Cristo, que es nuestra paz”.

Nos esperan tiempos difíciles. La cuarentena ha sido nuestro tiempo de entrenamiento, doloroso, sin lugar a dudas. Pero tenemos la determinación y la inteligencia que nos pueden ayudar para salir avantes. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

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