El Mañana

miércoles, 17 de julio de 2019

Porfirio Muñoz Ledo
Bitácora republicana Porfirio Muñoz Ledo

La ley y la política

13 julio, 2019

“En política siempre hay que optar entre inconvenientes”, decía Jesús Reyes Heroles en los estertores del antiguo régimen. Ignoraba por negativismo los actos y las conductas que desde el poder dan lecciones de ética, legalidad y pragmatismo. Las transformaciones profundas facilitan la realización de esas síntesis. Significan la liberación de cadenas tradicionales y la posibilidad para dejar un sello propio de vida. Como en las obras de arte, no se trata de homogeneidad sino de creatividad.

No es tiempo todavía de valorar los cambios económicos que están ocurriendo en el gobierno, pero es posible y necesario hacerlo en lo que toca a decisiones holgadas y con frecuencia inaceptables en materia migratoria. A la luz de nuestra tradición política, del derecho internacional y de nuestra propia constitución. He recordado que en los últimos cincuenta años ningún país como México ha luchado tanto por el derecho a migrar e inclusive encabezado la coordinación de estados con posición semejante, lo que alguna vez llamamos “la OPEP de la mano de obra”; esto es la unión de exportadores de trabajo. Hemos bregado por el respeto a los principios y en consonancia con los intereses del país.

 Pareciera que repentinamente nos sumamos al bando contrario y nos convertimos en persecutores de los migrantes por cuenta ajena. La mutación del país en una jaula para que el señor Trump pueda exhibirla a sus electores. En contradicción flagrante con su mandato de “garantizar el ejercicio de las libertades reconocidas en la Constitución y en los tratados y convenciones internaciones”, la Secretaria de Gobernación ha asumido una función persecutora. Hace poco llamé a su titular “Olga la libertaria”. Por el gran respeto que le tengo, no quisiera que dejara la impronta de “Olga la carcelaria”. La vi ayer en la televisión con su gracia natural y agudeza intelectual, pero en este caso con falsa convicción. Pensé en la difícil tarea que representa a menudo combinar la ley y la política.

En su ejemplar carrera judicial sometió con frecuencia los excesos de la política a la ley y ahora se ve obligada a sacrificar la ley en aras de la política. Las grandes empresas exigen el fortalecimiento, que no el desdoro del prestigio de sus dirigentes. Hace un mes el experto mexicano con mayores credenciales profesionales y morales -Tonatiuh Guillén- renunció al cargo de Comisionado del Instituto Nacional de Migración, por no aceptar un cambio tan drástico de política. Fue designado en su lugar un antiguo militante de izquierda, que durante muchos años estuvo encargado de la administración de cárceles en la Ciudad de México. No ha podido explicar a la comisión respectiva de la Cámara de Diputados los objetivos y métodos de la función que desempeña. He sabido, sin embargo, que está procediendo a militarizar el área a su cargo y que recibe órdenes de autoridades externas a la Secretaría de Gobernación.

No agradezco que habiéndose cumplido la promesa de una nueva democracia mexicana, callen los medios de información como callaron en el pasado. En todos los casos de mentira o encubrimiento debiera proceder el periodismo de investigación. El diablo esta en el detalle. De otro modo “las grandes palabras” son el arma predilecta de la simulación.