El Mañana de Nuevo Laredo

Adolfo Mondragón

Cosas de mi pueblo y del otro lado

Adolfo Mondragón

22 agosto, 2020

La otra pandemia



Estamos viviendo una era terrible, pero no sólo por la pandemia del Covid-19, sino, y esto es lo más grave, que esta contingencia puso al descubierto otra de mayores dimensiones y peor mortalidad: la obesidad, asociada con la diabetes. Las muertes ocasionadas por ambas morbilidades superan con mucho a los muertos por Covid-19. Ambas están íntimamente relacionadas, pero también ocasionan la insuficiencia renal, la amputación de miembros, la pérdida de la vista, etcétera. Son verdaderamente peligrosas y mortales, sus efectos son irreversibles.
¿De dónde se origina esta pandemia? De una mala alimentación, de ingerir indiscriminadamente productos chatarra y refrescos embotellados y alimentos ultraprocesados. La oferta de todos estos productos es enorme, siempre va acompañada de una publicidad que los hace irresistibles y podemos ver en cualquier supermercado, cómo las familias llevan sus carritos llenos de estos productos que los están envenenando y ellos lo ignoran, creen en la publicidad que les llega y compran inocentemente. Sin saber que están comprando veneno a sus familias.
Desde hace muchos años que se han realizado estudios serios sobre el enorme daño que produce el consumo de estos productos en el organismo humano, de qué manera, paulatinamente se le van formando devastadores efectos en la salud. Estados Unidos tiene el promedio más alto en obesidad de su población, el segundo lo ocupamos en México, paralelo al consumo de refrescos embotellados; pero tenemos el primer lugar mundial en obesidad infantil, parámetros similares tenemos en la incidencia de diabetes tanto adulta como infantil. Y esto es terrible. Los mismos estudios han denunciado de qué manera la publicidad y mercadotecnia contribuyen a que la población sea inducida a consumidor todo esto tan perjudicial para nuestra salud.
Se ha descubierto y denunciado de qué manera le agregan a los productos tanto el temible sodio como edulcorantes, endulzantes, conservadores y muchos otros productos químicos perfectamente balanceados que hacen del sabor de estos productos materialmente irresistibles y lo peor: terriblemente adictivos, por eso desde niños nos aficionamos a éstos, con sólo verlos en los anaqueles y se nos hace agua la boca. Además, su presentación es sumamente atractiva tanto en forma como colores y su colocación en los anaqueles es también estratégica, deben de estar a una altura que sea fácil de ver. No hay absolutamente nada inocuo en la comercialización de estos venenos embotellados y embolsados.
Aquí en México, Oaxaca hizo punta de lanza y sus legisladores prohibieron la venta de todos estos productos a menores de edad, incluyendo obviamente a las escuelas, le ha seguido Tabasco, la Ciudad de México, está ya estudiando el caso y deberán de seguir el resto de los estados, todos debemos de proteger a nuestra niñez, queremos niños sanos, que vuelvan a correr en los patios,  que salten jubilosos sin cansarse por el sobrepeso, que se hagan raspones, pero se levanten y sigan jugando, que se prendan en la llave del agua y se olviden de los refrescos embotellados o jugos procesados.
Chile es el país en América Latina, que nos lleva delantera en esto, ellos propusieron el etiquetado de octágonos negros que se les ponen a los productos, indicando su contenido: Alto en sodio, Alto contenido calórico, grasas trans (estas son grasas no naturales que no se disuelven y se adhieren a las venas y arterias), etcétera. México adoptó el mismo sistema, pero hemos tenido muchos problemas para que se implemente este programa. De ese tamaño es el poder de los fabricantes de estos venenos. Finalmente, parece que para octubre, por fin, podremos ver estas etiquetas en todos estos productos, que, aunado a la prohibición de su venta a menores de edad, se conseguirá la disminución en el consumo e iniciará una nueva era en el desarrollo de la salud infantil.
Ojalá que volvamos a ver a los niños llegar a las escuelas con su lonchera con frutas, tacos y su termo de agua fresca o que las tiendas escolares les vendan zanahoria rayada con limón y chile, pepinos en rebanadas también con su limoncito, jícamas, naranjas, o cualquier fruta de temporada, que tengan sus vitroleras con aguas de frutas naturales, que las madres les hagan su arroz con mole, tacos de picadillo, etcétera. Imaginación no les va a faltar. En invierno su chocolate, champurrado, atole.
Ojalá que lo lleguen a ver mis ojos y los suyos también, amable lector, le agradezco la gentileza de su atención y le deseo un espléndido fin de semana.

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