El Mañana

domingo, 15 de diciembre de 2019

Pedro Chapa Salinas
En voz alta Pedro Chapa Salinas

La ratificación del T-MEC, la esquizofrenia de Trump y la inutilidad de los espantados

23 junio, 2019

Una buena noticia lo ocurrido en el Senado de la República a principios de la semana que hoy termina. Sin duda, la decisión unánime sobre la ratificación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá es un paso firme en el camino correcto avalado por todos los partidos políticos ahí representados, pero lo más importante es el significado de una afirmación de decisión y visión hacia adelante del gobierno mexicano que transmite rumbo y confianza hacia el sector empresarial interno y externo cuyas inversiones, en este momento más que nunca, requieren de certidumbre.

De hecho, México es el primero de los tres países firmantes que muestra, a pesar del proteccionismo que se registra a nivel global, congruencia y apertura en los acuerdos que en materia de comercio exterior se han pactado recientemente. Y aunque en Canadá el Tratado parece no tener problemas en pasar por su debida aprobación, es fecha hoy que, en el país donde supuestamente se goza de un estado de Derecho más afianzado y una estructura de garantías e instituciones con mayor estabilidad, nadie sabe que es lo que va suceder en este tema, ya que por un lado, el presidente no tiene mayoría en el Congreso, y por el otro, no se ve ni él mismo convencido de querer impulsarlo.

Ya hemos visto cómo se las juega el magnate xenófobo convertido en presidente de los gringos por los rusos, quien un día amenaza con el petate del muerto al mundo entero, y el otro se las gasta en ver cómo crear un conflicto bélico, o comercial –que son los más redituables electoralmente hablando-, para luego salir a vociferar que él es el único capaz de remediar el desmadre –con el perdón de usted, estimado lector, estimada lectora-, que él mismo creó.

Pero eso no es lo peor del caso, sino que existe un grandísimo segmento de simpatizantes, que increíblemente agrupa a un importante número de norteamericanos de primera generación, de descendencia y sangre mexicanas, y uno que otro mexicano residente trasnochado, que abiertamente lo apoyan.

La esquizofrenia de Trump es cada día más peligrosa para nuestro país, no cabe duda, pero más devastadora es aún para el mundo entero. Su probabilidad de reelegirse, aunque haya iniciado su campaña prácticamente en la lona, es muy alta, está mucho mejor posicionado ahora que hace tres años cuando nadie daba un cinco por él, e inclusive, el día mismo de la elección, todo el mundo –recuerde usted-, lo daba por perdido.

Sin embargo, tenemos la obligación como mexicanos de apostarle a las acciones de dignidad soberana que ha emprendido nuestro gobierno en el sentido de promover una solución de fondo al problema migratorio, reforzando la idea de impulsar un plan de desarrollo en el triángulo sur en beneficio no sólo de nuestros hermanos centroamericanos, sino del continente entero.

Por lo tanto, es menester adquirir una postura de respeto sí, pero nunca de sumisión ni de condescendencia ante los chantajes y amenazas del gobierno norteamericano. Es necesario que empecemos, ahora sí, a considerar las desventajas que como país dependiente comercial y por tanto económicamente nos repercuten al momento de poner todos nuestros huevos en una misma canasta. Y aunque por gracia o por desgracia seamos los vecinos del país más rico y poderoso del mundo, tengamos la astucia por necesidad de diversificar nuestras exportaciones, así como poner énfasis en nuestro desarrollo interno. Esto deberá servirnos de aprendizaje para avanzar de una vez por todas en velar por nuestros propios intereses en lugar de ubicarnos en la inutilidad de los espantados como lo quiere Trump.

ADENDUM

Hablando con un viejo y buen amigo me decía que siente que estamos peor que antes. En principio pensé que se refería al país dada su militancia panista, e insistí en hacerle ver que es prematuro esperar que para hoy tuviéramos resueltos los problemas ocasionados por décadas de saqueo y corrupción que nos han heredado los malos gobiernos anteriores.

Sin embargo, aún no terminaba mi argumentación, y me interrumpió diciendo: “No Pedro, me refiero a nuestra ciudad y a nuestro Estado”. Se hizo un largo silencio, y no me quedo más que invitarlo a dejar el miedo, la comodidad y la indiferencia para forjarnos un mejor futuro.

“Esto no va a terminar bien…”, me dijo refiriéndose a los gobiernos azules. Vamos juntos a hacer un verdadero cambio, le dije. Por nuestros hijos. “¡Vamos!”, me contestó.