El Mañana

miércoles, 21 de agosto de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

La regla del nueve

14 mayo, 2019

De una manera por demás intimidante, se levantó de su silla y con largos y apresurados pasos se dirigió sin quitarle la vista hacia aquella persona, después, el cuestionamiento fue directo: está seguro de que los resultados están correctos, que esas sumas en verdad son las que deben ser, si es así, entonces puedo entender que usted ya realizó lo que en su momento le enseñé, como es la regla del nueve.
Queda claro, que el primer personaje fuera del hogar que a todo niño o niña se le pide por los propios padres o madres de familia el tener que respetar y obedecer, es y sin lugar a dudas a el maestro o maestra de la escuela; entonces y por eso mismo, el profesor se convierte en el principal elemento adicional de la vida de esos nuevos retoños, para aprender, para conocer un poco más de lo que en los hogares nada, o quizás muy poco sobre otros temas, se les ha enseñado.
Pero últimamente se ha comentado y mucho que los profesores de antes tenían mejores estilos de enseñanza; cierto o no, la realidad es que los de hoy sus métodos tienen que ir y obligadamente de acuerdo al plan o programa educativo previamente por sus autoridades establecido, por eso mismo, probablemente no tengan o dispongan de esa libertad que sus colegas de otras épocas tenían para hacer mas amena, directa, interactiva o atractiva la educación.
Muchos han de recordar que antes y para entender un tema a los alumnos y alumnas se les indicaba que acudirían al campo, a esa plaza, a la biblioteca, incluso a una oficina municipal o de gobierno para estar más directo, investigar, conocer en sí cómo era la actividad, cómo se desarrollaban dichas tareas; por lo mismo, el conocimiento se adquiría directamente de esos trabajadores quienes por igual trasmitían ciertas anécdotas laborales, sus experiencias, como y a través de un método hacer más ligera su actividad.
Pero el sitio que más gustaba a los alumnos y alumnas era el campo, ver animales, las cosechas, el granero, al campesino, cómo vivía en sí la familia de rancho, descubrir la inteligencia que muchos de ellos poseían; pero ahí y ante la presencia del profesor o profesora el gusto se convertía en actividad escolar, al retomar el mentor la tan odiada clase de cálculo o matemática.
Así y ante la pregunta del profesor todos los alumnos y alumnas sudaban, por lo que escuchaban con mucha atención, y con papel y lápiz en mano apuntaban, que si en un metro cuadrado lograron crecer tan sólo tres milpas y cada milpa dio cinco mazorcas, cuántas milpas crecieron en una hectárea, en consecuencia, cuántos sacos llenos de mazorcas el ranchero logró juntar, si a cada saco le cabrían treinta mazorcas.
Ahí es donde ese niño, niña, jovencito o jovencita, en verdad que conjugaba todo su empeño con su mente y con lo que veía, apoyado con lo que previamente había aprendido de su maestro o maestra en el aula escolar, ahí, frente a su maestro es en donde volvía a recordar, el utilizar esa “regla del nueve”, esa comprobación de suma que hoy en día muchos ignoran, que muy pocos han vuelto a emplear.