El Mañana

jueves, 27 de febrero de 2020

Porfirio Muñoz Ledo
Bitácora republicana Porfirio Muñoz Ledo

La vergüenza del salario

21 diciembre, 2019

En nuestro país el mundo del trabajo tiene una densa
opacidad. El régimen corporativo que lo ha caracterizado ha sido objeto de
pocos estudios consistentes y de muchas simplificaciones peligrosas. Sin
embargo, es indispensables un conjunto de cambios tanto en la esfera política
como en la legislativa y de las propias relaciones sociales que empieza a
desplegarse con gran celeridad.

Si en el pasado cercano comenzó a escudriñarse el trasfondo
de la organización sindical tanto en obras literarias como en la reflexión
académica, apenas comienzan las modificaciones que aspiran a convertirse en un
baluarte fundamental de la Cuarta Transformación. De hecho, el gran déficit
democrático que arrastramos en este campo ha sido una limitante fundamental de
nuestra transición hacia un Estado de Derecho.

El pluralismo político no generó por desgracia la
participación de las organizaciones sindicales en los partidos o el interés de
éstos en impulsar avances consistentes en las relaciones obrero-patronales. A
el Partido Comunista que entendía el problema desde su propia perspectiva y
programa histórico, no se le permitió desarrollarse en ese ámbito sino de un
modo marginal y bajo la vigilancia de la represión.

No surgieron además movimientos socialdemócratas y los pocos
intentos que hubo fueron cooptados desde el gobierno, dejando a las oposiciones
el cultivo de las clases medias con todas las limitaciones que se conocen. Fue
por ello una magnifica noticia la “Ley de democracia sindical” publicada el 1
de mayo de este año y cuyo cumplimiento podría significar una contribución para
la distribución del ingreso en México.

Es plausible el trabajo presentado este 3 de diciembre por
la joven investigadora María Xelhuantzi titulado: “101 años de control sindical
en México”. Este trabajo ofrece además explicaciones contundentes sobre la
“Pobreza por decreto” que se impuso al sector laboral durante el periodo
neoliberal. En la medida que el nivel de sus percepciones fue fijado por las
autoridades hacendarias, quienes jamás negaron que los salarios eran
determinados por el Banco de México, a fin de privilegiar la estabilidad
económica sobre el desarrollo general del país.

La argumentación conservadora sostenía la primacía de las
llamadas cifras macroeconómicas: tasa de crecimiento, índice inflacionario y
tipo de cambio, entre otras. A pesar de que entre 1973 y 1976 se probó la
falacia de estos alegatos, la élite tecnocrática volvió a establecerlos al
ganar el poder político.

La derecha pregonó desde entonces que si los salarios subían
por arriba de la productividad, sólo propiciarían la inflación lo que a su vez
anularía el incremento nominal de las ganancias de los trabajadores. Falsa
hipótesis, ya que la productividad del trabajo crecía más que los salarios y el
nivel de inflación llegó a superar varias veces el valor de las percepciones
obreras, como en la época de Miguel de la Madrid.

Este desmentido vuelve a repetirse en el gobierno de López
Obrador que decidió aumentar salarios mínimos generales en 16por ciento y los
de la frontera en 100por ciento durante 2019, mientras que la inflación bajó
para el cierre de este año al 3 por ciento. El ejercicio se repetirá para 2020
con el incremento de los salarios generales en 20por ciento y el de los
fronterizos en 5 por ciento. Según estudios de la CEPAL esta sola medida podría
representar un 4 por ciento en el crecimiento del PIB.

Cuando la firma del TLCAN la parte mexicana se resistió a incluir el tema laboral, los derechos humanos y el medio ambiente en el acuerdo y los dejó al nivel de cláusulas paralelas no vinculantes. Hoy la historia se escribe de manera opuesta durante el proceso de negociación y firma del T-MEC, ya que las exigencias de los gobiernos norteamericano y canadiense para el aumento de nuestros salarios es inevitable -aunque algunos empleadores desvelados los rechazan a nombre de la “soberanía nacional”-. Ello para evitar “dumping laboral” y dinamizar el intercambio entre los tres países.

Los empresarios mexicanos se acomodan ya a este planteamiento y el más rico de ellos propone el aumento paulatino de los ingresos obreros hasta en un 68 por ciento, a fin de desarrollar un poderoso mercado interno. El entierro de los salarios vergonzosos.