El Mañana

viernes, 28 de febrero de 2020

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

La vida pasa más lenta

8 enero, 2020

Tan sólo una peineta se colocó en su escaso pelo, pues su
intención no era acudir a ningún público evento, sino llevar a cabo únicamente
ese recorrido diario por las calles de Nuevo Laredo, su esposo ya le había
indicado que la llevaría en su triciclo para que llegara más rápido, pero ella
esa invitación rechaza y aunque lamenta, le insiste que a pie la vida pasa más
lenta.

Así atravesaba la colonia Hidalgo, gustaba de caminar por la
banqueta de la calle Gutiérrez hacia el poniente, pues ahí en un amplio terreno
con una casita al fondo habían árboles de grandes limones, y se detenía, tocaba
insistentemente echando uno que otro gritido, la amable señora de la casita
salía y con un gesto le asentía afirmativamente.

Con mucho cuidado, una a una desprendía de ese frondoso
árbol las hojas de limón y con paciencia las olía como si todas tuvieran una
diferente textura, aroma y su camino seguía, al paso iba guardando en su morral
de malla aquel preciado manojo, imaginaba lo rico que quedaría su té de limón
de antojo.

Aunque era temprano, el sol comenzaba a calentar, para lo
mismo se echaba su chal sobre la cabeza y así mitigar el calor un poco, por la
González de regreso justo antes de llegar al hospital se detenía a refrescarse,
en esa tiendita con piso de tierra hacia abajo y procedía en una banquita a
sentarse.

Unos frititos y una soda alegraban el día a aquella señora,
observaba la gente, escuchaba sus charlas, se tomaba su tiempo y seguía otra vez
su camino a paso lento, se detenía pues en su trayecto un revolotear de
pajaritos alegraban su momento, aprovechando eso para arrancar de entre lo bajo
de un mezquite unas frondosas y riquísimas ramitas de quelite.

De pronto y como sacándola de ese bello trance a lo lejos
escuchaba insistentemente que le gritaban ¡Petrita!, ¡Petrita!, deja que te
alcance, aquí voy en mi triciclo, llego en un instante.

Con una orden tajante, aquella noble señora de un brinco
sube a ese vehículo, medio de transporte que a paso rápido casi “volando”, tan
sólo le evitó el continuar con su tranquilo y reconfortable andar.

Ese largo trayecto que le llevó casi dos horas, en cinco
minutos ya estaba de regreso en su hogar y pensativa añora, no llegué con
Conchita mi prima de acá, quien me iba a dar un puñito de albahaca.

No acudí tampoco a la frutería en donde a granel y con
paciencia iba a tomar el más grande betabel, ni la más madura naranja, ni el
costalito de café y recoger ese ya ordenado frasquito de aguamiel.

Día a día, la gente de Nuevo Laredo se queja de que el tiempo pasa demasiado rápido; sin embargo, quizás no dan cuenta que todo se quiere para ya, para ayer, la quincena, el próximo festejo, por igual el hacer fila para pagar un servicio, en la supertienda, en el banco, incluso los semáforos o altos, todo causa fastidio porque detienen el tiempo.

Entonces bueno es entender, que esa desesperación, esa exasperación provoca en muchos que todo a su alrededor se torne demasiado fugaz como si se estuviera y viviera a destiempo, en consecuencia, se pase como “volando” la mayoría de su tiempo.