El Mañana de Nuevo Laredo

Paloma Bello

Apuntes desde mi Casa

Paloma Bello

1 noviembre, 2020

Las Poetas (2)



Me declaro conocedora elemental de la Poesía. Acaso haya influido que en mis lecturas juveniles, lo que estaba a mi alcance eran versos rimados, textos amorosos, elegías eternas, nada que motivase mi real interés. Pese a mi escaso entendimiento, después, algunos poetas varones han sido de mi preferencia: Federico García Lorca, Miguel Hernández, Vicente Huidobro, Fernando Pessoa, Pablo Neruda.
Respecto de las damas, he observado a las poetas contemporáneas (dolorosamente, Sylvia Plath y Alejandra Pizarnik marcaron un hito con el tema de la muerte) y deduzco que cierta poesía escrita por mujeres se está distinguiendo por pronunciar ejes existenciales con imágenes hondas, íntimas, inconformes.
De la recién galardonada Premio Nobel Louise Glûck: “Un pájaro llega a la ventana. Es un error considerarlos solamente pájaros, muy a menudo son mensajeros. Por eso, una vez se precipitan sobre el alfeizar, se quedan perfectamente quietos, para burlarse de la paciencia, alzando la cabeza para cantar pobrecita, pobrecita, un aviso de cuatro notas, para volar luego del alfeizar al olivar como una nube oscura. ¿Pero quién enviaría a una criatura tan liviana a juzgar mi vida? Tengo ideas profundas y mi memoria es larga; ¿por qué iba a envidiar esa libertad cuando tengo humanidad? Aquellos que tienen el corazón más diminuto son dueños de la mayor libertad”.
Una de las más importantes y fecundas poetas cubanas, Maylèn Domínguez, dialoga, a través del cerco familiar, con la imposible estampa de un patio florecido. Su sentir rotundo, inquebrantable, contiende con el verde lenguaje que el abuelo fertiliza:
«El jazmín —me dijo un día abuelo— era la flor preferida de mi madre». Con lograda paciencia lo cuidaba, como si ignorara el fin. Fracasa en mí esa docilidad de estirpe, saber sus manos creando para un fango que la iba consumiendo. En mi familia fuera de ajarse, morir, plantar raíces, ocurren pocas cosas; fuera de amar el paisaje inalterable. «Era el jazmín…», me dijo un día del ochenta y tantos, acodado sobre el rengo balance, siempre mi abuelo glosando el mismo jardín. Pero ¡ay!, a mí un jardín sólo me causa tedio, incurable deseo de escapar. Yo siento pena ante esa gloria humilde —tal vez la única— de quien siembra un jazmín para el recuerdo. (El Jazmín).
Celeste Alba Iris, tamaulipeca. Así, como si nada, va inscribiendo por los rincones la poesía suya de todos los días. Sus palabras la reflejan, bella y desenfadada. Telúrica, enraizada, contundente, sus poemas mueven a sentir la vida, a interpretarla, y a vivirla:
“Alguien llora en mi cocina y ni siquiera tengo cebolla en la despensa.Escucho ese lamento. No temo. Puedo saludar a la aflicción y dejarla escapar, triturador de por medio. ¿Por qué el grito se deshilvana en esa pieza? ¿Quién busca mi consuelo? ¿A quién le duele qué y no lo calla? ¿Por qué ese gemido casi humano hace ecos si no hay sudor de ollas ni sangre vegetal? ¿Será la nostalgia marinada en los rincones? ¿Mis otros cantos torrenciales? ¿Sueños incandescentes? ¿Espectros de ayer o alguna de mis sombras haciendo el paseíllo de la muerte? Los cuchillos sin víctimas haraganean en los cajones.Nadie ha muerto aún en mi cocina”. (Alter Ego).
“Ésta es la matriz de la abuela, las paredes que levantaron a mi madre, el sillar traído a mula, la infancia propia y vespertina, el nido de mis hijas, la cabecera donde escribo. Éste es el lugar de las goteras humeantes. La ventisca de cristal aquel invierno, la cría para mastuerzo, el cuello marchito, el chillar del patio, la sangre en jícara, las muelas enterradas bajo un árbol, los estertores de un viejo entregándose solo. Éste es el castillo vaho de tierra. Ésta  -soy-  mi casa. Esta ruina y se levanta”. (Estirpe).
“Por si acaso muero y la gente por pudor no me lo dice, busco mi esquela en la prensa matutina. Pero sigo aquí. Porque uno es el último en saber las noticias que le incumben.Porque no quiero sufrir un sobresalto al escuchar mi nombre cuando pidan eterna paz para mi alma”. (Catrina).
Mérida, 1º. de noviembre  2020.

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