El Mañana

domingo, 15 de diciembre de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Limpiar esas lágrimas con los recuerdos

5 junio, 2019

El encontrarse totalmente inmerso en su actividad laboral, no le dio tiempo a percatarse de que su aparato telefónico estaba insistentemente sonando, y al escucharlo, sintió ese algo diferente en su mente, como lejano, como algo hueco que lo dejó aturdido momentáneamente, nunca había sentido algo similar, y al contestar, escuchar esa noticia sí que le dolió, pero no le quedó de otra más que el limpiar esas lágrimas con los recuerdos.

Todo su trabajo dejó a un lado, no pudo su vehículo manejar, por lo mismo por esa estrecha acera comenzó aceleradamente a caminar, repetía una y otra vez con sus labios y en su mente, que no fuera cierto, que fuera una broma, una mentira lo que acababa de escuchar.

No pudo evitar pasar por esa plaza en donde hacía ya muchos años solía con su esposa el caminar, pasear, platicar, recordar que cuando novios de su primor, ahí mismo en ese sitio recibiría sentados en esa banca ese primer beso en la mejilla, como símbolo de su amor.

Se cansa, y por lo mismo se recarga en ese frondoso árbol, ese del cual su agradable sombra y frescura le invita a pensar el cuántas veces su mujer le insistió, viejo ya vente a descasar, el trabajo nunca se acaba, sabes lo mucho que deseo a tu lado ya estar, cosa que nunca le cumplió.

Nuevamente avanza, pero no escucha carros, no ve gente, no siente esos ruidos, parece que se desvanece todo a su paso, cruza rápido, de pronto se imagina a su mujer tomándola del brazo.

Por su mente, otra vez se hace presente ese pasado, cuando muy amorosamente ella le suplicaba por siempre escuchar de él decir, y apasionadamente un te quiero, palabra insistente de lo que y por no decírselo nunca hoy amargamente se arrepiente.

Por fin llega, pero esta vez no la vio cocinando, tarareando esa bella melodía que por año ha estado imitando, tampoco la encontró en ese sillón descansando, disfrutando de esa para ella su mejor programación, su novela preferida; ahora está en una fría cama, de hospital una triste habitación sin alma.

La toma de la mano y desesperadamente le habla, se agita, se ahoga entre sus sentimientos y quiere le escuche eso que tanto y tanto de él deseó, te quiero, por igual, le da un beso en la frente como símbolo de amor, la toma también de su brazo, quiere y por siempre presumirla, su amor gritando.

Acude a ese sitio sagrado por años por el abandonado y se arrodilla, quiere arrancar y abrazar ese Dios, ese Cristo por él olvidado, y le suplica por ella, le brinda ese perdón deseado; quiere rezar, pero no se acuerda, quiere persignarse, pero no se encuentra.

Cuantas y cuantas veces las ocupaciones envuelven a los seres humanos y se olvidan precisamente por lo que viven, por lo que más quieren, el trabajo cierto es la principal actividad para generar recursos para el hogar, para la subsistencia, pero, para qué sirve tanta riqueza, tantos lujos, tanta comodidad anhelada, si uno se comporta ante los sentimientos frío, ante el amor indiferente, si se transforma y por igual en un portador de una fe totalmente olvidada.