El Mañana de Nuevo Laredo

Carmen Aristegui

Artículo

Carmen Aristegui

7 diciembre, 2019

Litio y otras cosas



Considerado el “petróleo del futuro”, el litio se ha
convertido en un elemento estratégico para el desarrollo de las economías y
mercados de las principales potencias del mundo y el desarrollo de las pujantes
industrias de teléfonos celulares y automóviles eléctricos, principalmente.

Para las grandes potencias es un imperativo garantizar el
suministro de litio para sus industrias de tecnología. El descomunal
crecimiento en la producción de celulares que requieren batería de litio y el
ascendente negocio de los autos eléctricos que también lo requieren es el
indicador más claro de lo que se juega.

China y Estados Unidos mantienen una feroz batalla por el
avance tecnológico y los mercados internacionales. En esa guerra entre gigantes
el litio es estratégico. Por eso es indispensable poner en el radar los lugares
en donde los mayores yacimientos han sido detectados y lo que está ocurriendo
en esos países.

Pueden o no estar relacionados con los fenómenos recientes
de movilizaciones masivas, golpe de Estado y hechos de violencia desmedidos que
han ocurrido en las últimas semanas en Chile, Bolivia y México.

Por lo menos resulta interesante saber que esta escalada de
sucesos se da en países que tienen en común su desarrollo o potencial en
yacimientos, reservas y producción de litio, el metal estratégico que algunos
bautizaron como “oro blanco”.

En el caso de Bolivia, no pocos analistas asocian el golpe
perpetrado en contra de Evo Morales con la intención de arrebatar el control de
los yacimientos que posee la nación andina. El vicepresidente renunciante de
Bolivia, Álvaro García Linera, contó a quien esto escribe que su Gobierno
decidió nacionalizar las áreas estratégicas como gas y petróleo. En el caso del
litio, dejaron bajo el control absoluto del Estado los yacimientos.

El salar de Uyuni, la reserva más importante, empezó a ser
explotada inicialmente casi de forma artesanal hasta estar en condiciones de
buscar una alianza extranjera que garantizara la colocación del litio en
mercados internacionales. El Estado boliviano optó por aliarse con China y
Alemania, dejando fuera de esa jugada a Estados Unidos, Francia y otros
interesados.

Alistados para incursionar en la fabricación de baterías con
los alemanes, sobrevinieron protestas de pobladores que reclamaban mayores
beneficios por la explotación de los yacimientos. Vino la escalada y como
antecedente al golpe, el proyecto con Alemania se vio frustrado.

¿Tuvo que ver o no Estados Unidos en el golpe a Evo Morales,
como acusa el boliviano? ¿Tuvo que ver la disputa por el litio en el golpe que
trastocó el orden constitucional del país andino? Veintiún millones de
toneladas de reserva -una de las más importantes del mundo- alimentan esa
teoría.

En la zona limítrofe entre Chihuahua y Sonora, justo donde
ocurrió el atroz crimen contra la familia LeBarón -crimen que dio pie a que
Donald Trump anunciara su intención de designar como terroristas a los cárteles
mexicanos y dejar abierta la posibilidad de incursionar en México- se encuentra
en desarrollo un yacimiento de litio de grandes proporciones.

Braulio Carbajal publicó en La Jornada un amplio informe
sobre el tema. Señaló que con este desarrollo México se convertirá en uno de
los mayores productores de litio en el mundo.

“Dicha oportunidad no ha pasado inadvertida para la empresa
canadiense Bacanora Lithium y la china Ganfeng Lithium, las cuales se han
instalado en el municipio de Bacadéhuachi, ubicado en la sierra alta de Sonora,
con el objetivo de explorar un yacimiento que el grupo Mining Technology
calificó como ‘el mayor depósito de litio en desarrollo en el mundo’”.

El yacimiento concesionado en el gobierno de Enrique Peña
Nieto cuenta con reservas por 243 millones de toneladas, más otros 8 millones
de reserva con otros dos yacimientos en San Luis Potosí-Zacatecas y Baja
California.

Si de litio se trata y de intervenciones posibles, cuidado con México que está parado en una mina de oro. De “oro blanco”, como algunos le llaman al codiciado metal.

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