El Mañana

domingo, 18 de agosto de 2019

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Lo barato está saliendo caro

7 mayo, 2019

En el lado americano se van a invertir casi 2 millones de dólares para mejorar la torre de control, así como para reemplazar el sistema de aire acondicionado y electricidad en el aeropuerto de Laredo, en el Aeropuerto Quetzalcóatl la historia es diferente, opuesta incluso.

Han pasado años y la inversión es prácticamente nula, mientras tanto en el lado americano las inversiones en el aeropuerto van de manera paralela con la adición de vuelos y otras mejoras.

Nuevo Laredo no ha agregado vuelos, al contrario, incluso ha perdido, y los destinos vacacionales temporales que vemos en verano son de parte de las agencias de viaje locales, aunque el Alcalde quiera colgarse la medallita.

Dicen que las comparaciones son malas, pero en ocasiones como esta nos hace ver cómo dos aeropuertos -muy cerca uno de otro- que comenzaron en igualdad de condiciones hoy tienen utilidades y evoluciones distintas, pues a uno de ellos sí se le ha invertido y ha dado frutos. Es necesario tener visión para que pueda haber resultados.

Una segunda jornada de lluvias espantó a la ciudad y es que más allá de la intensidad de las precipitaciones, lo que en verdad asusta a la mayoría son los daños a los vehículos que muchos ya han experimentado, desde caer en un bache así como los efectos de que le entre agua a la maquinaria del auto.

Algunos aprendieron la dura lección pagando miles de pesos en piezas y reparaciones, además de quedar varados y tener que empujar la unidad con el agua hasta las rodillas.

Por esta y otras razones similares, muchos padres decidieron no llevar o en su defecto llevar más tarde a sus hijos a las escuelas, pues al menos 4 de cada 10 estudiantes no asistieron a clases.

Esto de fondo implica que la ciudad no está preparada para una lluvia promedio, peor aún cuando los días siguientes queda una estela de enormes baches y socavones que se abren prácticamente en los mismos lugares de siempre, evidenciando reparaciones a medias que comprueban el dicho de “lo barato sale caro”, pues en lugar de invertir en una buena reparación que perdure, se hace un trabajo chambón cuya fecha de vigencia es la siguiente lluvia.

Años de malos trabajos han hecho que las lluvias que deberían ser vistas como una bendición, representen un temor para los neolaredenses que han sufrido en carne propia los estragos de una infraestructura urbana no preparada para el clima lluvioso y toda la semana se contempla de 40% a 60% de probabilidades de precipitaciones.