El Mañana de Nuevo Laredo

Guadalupe Loaeza

Artículo

Guadalupe Loaeza

15 noviembre, 2019

Lo de Bolivia



Tengo la impresión de que el mundo entero está hecho bolas.

Entre más aparecen acontecimientos políticos, sociales y
económicos, inéditos o no, más nos hacemos bolas, incluyendo a los
especialistas, politólogos, economistas, analistas y periodistas.

Lo sucedido en Bolivia ha hecho emerger conflictos,
tensiones y desencuentros añejos en Sudamérica y México, lo cual no hace más
que complicar y confundir la realidad de estos países, en su mayoría pobres,
inseguros, con problemas de narcotráfico y violencia y con un sistema
democrático cada vez más incierto. Allí están los ejemplos más recientes de
Chile, Brasil, Venezuela, Ecuador, etcétera, etcétera.

Confieso que entre más leo e intento entender si hubo o no
hubo golpe de Estado en Bolivia, si estuvo muy bien o pésimo recibir a Evo, si
nuestro huésped sigue o no siendo Presidente de Bolivia, si fue un exceso el
haber enviado a buscar a Evo en un avión militar a pesar de que cometió un
fraude en las últimas elecciones, si darle asilo perjudica nuestras relaciones
con Estados Unidos, si detrás de todo esto están Putin y Trump, si no andamos
de metiches respecto a la situación tan caótica que vive Bolivia ya que, como
decía don Benito Juárez, “el respeto al derecho ajeno es la paz”, si el asilo
político de Evo es una tradición diplomática, tal como se hizo con Garibaldi,
José Martí, Trotsky, el poeta León Felipe o el Sha de Irán, etcétera, más
confuso resulta todo.

No hay duda de que los problemas más evidentes que padecen muchos
países latinoamericanos, incluyendo al nuestro, que polarizan y dividen aún
más, provocando enfrentamientos sumamente violentos, son la desigualdad y el
racismo. “El que no salta es una chola ‘masista’!, gritan en las protestas de
la oposición en alusión a las mujeres que pertenecen al partido de Evo, MAS. A
los que apoyan al oficialismo los llaman “indio de mierda”.

“Yuri Tórrez, doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos
por la Universidad Andina Simón Bolívar de Ecuador, explica que el racismo en
Bolivia es estructural. Viene desde la colonia, ha configurado una sociedad no
sólo socialmente desigual, sino, sobre todo, racialmente discriminadora. ‘En
este contexto, los privilegios de acceder a espacios favorecidos, entre los
cuales estaban lógicamente los espacios de poder, era solamente para los
sectores criollos-mestizos de la sociedad boliviana con una exclusión evidente
de los sectores indígenas del país’, agrega Tórrez” (El País).

El 24 de octubre, Evo Morales escribió un tuit que decía que
su único delito era “ser un Presidente indio”. Semejante a AMLO, en más de un
discurso, le reprocha a la derecha de su país regresar a un modelo
“neoliberal”. Evo nació en Orinoca en 1959 y de pastor de llamas pasó a ser
entrenador de futbol y líder sindicalista. No tuvo educación universitaria,
pero “me formé en la universidad de la vida”, dice. En una ocasión contó que
tenía un sueño recurrente, se veía volando por encima de las tierras en las que
nació: “Evito… te va a ir bien en el futuro”, le comentó su padre.

Evo ha sido el primer Mandatario indígena de su país. Como
ningún Presidente de Bolivia, logró mejorar la situación económica, consolidó
una clase media y puso al alcance de todos los bolivianos, especialmente los
pobres, tecnología como la de los teléfonos celulares. En 2009, Evo ganó con
más del 60 por ciento de los votos.

“Enemigo jurado de Estados Unidos, al igual que el bloque
socialista, la economía se convirtió en la principal de sus victorias, y su
legado. Antes de su llegada al poder, 63 por ciento de los bolivianos vivía por
debajo de la línea de la pobreza (2002). En la actualidad es 35 por ciento,
acorde con las cifras del Banco Mundial. Él mismo destacó al anunciar su
renuncia que el PIB del país aumentó en 15 años más de 4 por ciento y Bolivia
se convirtió bajo su mandato en la nación sudamericana de mayor crecimiento”
(El Universal). También construyó carreteras y aumentó el presupuesto para la
salud más de 170 por ciento.

Como todos los líderes carismáticos que suponen que ellos son
los únicos capaces de dirigir el destino de su país por el sendero del progreso
y la igualdad, Evo Morales no resistió la tentación de eternizarse en el poder,
de allí que se valiera de algunas maniobras aparentemente turbias para
lograrlo.

Evo Morales se equivocó, en lugar de salir por la puerta
grande de la historia, salió por el zaguán del exilio. Lo malo es que llegó al
traspatio de Estados Unidos…

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