El Mañana de Nuevo Laredo

Paloma Bello

Apuntes desde mi Casa

Paloma Bello

10 enero, 2021

Los Juárez



En el ámbito mexicano, se han dado, como garbanzo de a libra, las dinastías artísticas con un mismo talento.
La primera que nos viene a la mente es la de los hermanos Fernando, Julián, Domingo, Andrés y Mercedes Soler. De ese mismo tronco, la rama injertada entre Mercedes y Alejandro Cianguerotti, dio como frutos tres generaciones de actores Cianguerottis con la excepción de Fernando, que prefirió adoptar el apellido Luján, para el espectáculo.
Por citar dos más, de verdadera categoría: la familia Bracho, que abarca también tres generaciones: Julio, director de cine; Jesús, productor; Andrea (Palma), actriz; Carlos, actor; Diana, actriz; y Julio, actor. Los Bichir: Alejandro, director; Maricruz Nájera, actriz, y sus tres hijos Demián, Bruno y Odiseo, actores.
En Nuevo Laredo, los Juárez son fundadores de una familia de teatro que inicia con Isabel, la bisabuela. Siguen Javier, Iván y Karla, los hijos; Petra, la nuera (Javier); los nietos Alejandra, Andrea, Ian Carlos, Itza Carolina y Andrea; y el bisnieto Kristian.
Un clan muy unido, en el que seguramente, a la hora indicada, en vez de llamar ¡a comer!, Isabel anuncia: ¡tercera llamada! Mujer de su hogar y elemento indispensable en los repertorios del grupo de Antonio Sarabia, Isabel supo criar una familia feliz. Compenetrados y fraternos, los Juárez suelen montar obras de elenco completo con los de casa.
Francamente, verlos a todos en escena, dispone al corazón a conmoverse. Observar a los ya veteranos orientar o corregir con una sola mirada, a los novatos, sacude la sensibilidad de cualquiera que se haya subido alguna vez a un escenario.
Conservo agradecimiento con Javier, que en dos ocasiones me sacó de apuro en los eventos de mi revista Cariátides. La primera, al darme cuenta de que no ajustaba el tiempo requerido para la presentación, en la Casa de la Cultura, irrumpí de golpe en la clase de arte dramático que Javier impartía en un salón.
¡Maestro, ayúdeme con una improvisación! Necesito 10 minutos de teatro. -¿Cuál es el tema?, preguntó. “La espera”, dije, y me fui a otra cosa.
Media hora después, abrimos nuestro programa con una obrita de breve recién creada, que se desarrollaba en un parque, con alumnos de Juárez: una jovencita en una banca y algunos otros como comparsas. Sinceramente, no recuerdo más, que mi agradecimiento.
La segunda ocasión fue cuando, también para Cariátides, montamos “Viví sin conocerte, puedo vivir sin ti”, en el bar La Troje. Obra de Fernando Muñoz, con Aída Heiras como protagonista. A la mera hora los muchachos que debían participar como reporteros no se presentaron y rápidamente Javier organizó a unos jóvenes, les dio instrucciones y montaron el cuadro con una frescura tremenda. Su faceta como periodista, se reveló inmediatamente.
Por Iván Juárez, mi balanza afectiva se ha inclinado con cierto peso de más, sin ánimo de incomodar a sus hermanos. Recuerdo cuando suplió a Gerardo Villezca en el papel de Simplicio, para La Mordida, de León Felipe. Su sentido de la disciplina quedaba por encima de la de sus compañeros del grupo de teatro del Tecnológico, dirigido por el siempre bien recordado profesor Alejandro Rosas.
Ensayábamos el performance Sin Tierra Prometida e Iván era muy respetuoso para escuchar. Ponía énfasis en atender mi discurso sobre la importancia de una buena dicción. Esta expresión tan vital en el arte escénico, la ha desarrollado cuidadosamente a lo largo de su carrera. Cuando comenzó a dirigir, insistió, puntualmente, en la intachable pronunciación de sus actores.
Uno de sus méritos es haber rescatado el teatro formal en dos o tres actos, y revivido o dado a conocer a los autores clásicos del teatro mexicano, en las actuales generaciones. Otro de sus méritos es el de saber ofrecer una actuación totalmente improvisada, como la que brindó como voceador del periódico “El Mañana” en la presentación de mi libro Apuntes desde mi casa. Su formación académica ejercida en el sector educativo, conjuga perfectamente con su vocación teatrista.
Toda una familia que ha transcurrido la vida combinando los escenarios con la cotidianeidad de sus respectivos hogares, merece nuestra admiración y nuestro aplauso. Queremos suponer que los sucesos mundiales que nos afectan a todos, han impedido a las autoridades correspondientes, llevar a cabo un homenaje en reconocimiento a la singularidad de la dinastía Juárez. Su amor por la escena, su talento, su honorabilidad como personas, así lo demandan.
Mérida, 10 de enero 2021.

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