El Mañana

martes, 12 de noviembre de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Los ‘olvidados’

4 octubre, 2019

“Ese deseado poder y marcado celo generan escombros en todo lo que se planea, producto de esa eterna pugna política en Nuevo Laredo”. – Mars

Por lo visto, falta mucha voluntad política para realizar, mejorar o terminar las cosas, pues en cada sector se manifiesta y en todos los aspectos esa falta de atención, cuidado y conservación, justo como esas otroras construcciones que en determinada época le dieron a esta frontera vida, economía, por igual esos proyectos realizados que ofrecían ese progreso, ese deseado desarrollo urbano y que hoy por esa indiferencia, han pasado a ser de Nuevo Laredo tan sólo los “olvidados”.

El fraccionamiento Itavu, éste ubicado en el Kilómetro 13 de la Carretera Nacional, en su sector norte luce semiabandonado, la promesa de un mejor nivel de vida quedó hace muchos años ahí estancado, se colocaron luminarias, cordones para las banquetas, algunos tramos con líneas de drenaje y agua, hoy el abandono y olvido es total.

El Bayito es otra colonia ubicada al norponiente, en sus secciones la falta de atención y cuidado por décadas ha sido el símbolo de ese sector habitacional, las familias viven alejadas de la ciudad, por lo mismo semeja más que una colonia una ranchería, en su mayoría, el abandono y esa falta de cumplimiento político, los han alejado a muchos de obtener ese papel que les dé esa legalidad de posesión.

Esto por supuesto confirma una cosa, que lo emprendido por unos funcionarios, esas ideas que se materializaron en cierto momento, no lo retomarán otros, mucho menos si son contrarios políticamente hablando, de ideologías partidistas diferentes, en consecuencia, esas obras, esos proyectos, o simplemente su conservación o mantenimiento no será tema del político en turno.

Pues a nadie le parecerá andar dando “sombrerazos” y gritando que mejoró o terminó una obra de su antecesor rival, pues con eso se enaltecería la figura de aquel que la inició, pero se olvida algo tan cierto, que, con esas actitudes, se deja de ofrecerle ese bienestar, nivel de economía a su comunidad por la cual se supone trabajan.

Quizás sea por eso que Nuevo Laredo en lugar de estar en constante desarrollo, está en constante deterioro, pues por décadas este fenómeno es y ha sido por siempre repetitivo.

Indudablemente que esto se transmite hacia otras vertientes, sobre todo en la iniciativa privada, hacia el empresario local o foráneo, pues al ser ya una costumbre esa falta de atención, esa indiferencia de ese político, de ese funcionario o autoridad a lo que aquí se emprende, ignoran por igual ese respeto por las leyes y reglamentos que contribuyen a generar esa obligada normatividad y ordenamiento.

La antigua central de autobuses, aquella que en los finales de los setenta y principios de los ochenta se reflejaba como ese interés por darle una mejor calidad de vida a los neolaredenses, a sus visitantes a través de sus cómodas y modernas instalaciones, hoy no es más que un espacio vacío, sucio, de pésima imagen para cualquier persona que transita por dicho lugar.

Frente a él, y con la terminación de ese otrora centro de distribución de autobuses de pasajeros con arribo y destino a distintos puntos de México, yace por igual un malogrado complejo de locales comerciales que “expiró” por decir así, casi al mismo tiempo de cerrar sus operaciones dicha central camionera.

No se puede dejar de mencionar ese enorme edificio en ese mismo sector, frente a estas dos construcciones como fue el que albergó y por muchos años a un centro comercial que en su momento dio vida, trabajo y economía a una gran parte de la ciudad, el que, junto a esa central y conglomerado de locales, forman ese triste triángulo de la indiferencia política y empresarial que se vive en esta ciudad.

Un aglutinamiento de edificios daban forma a esa antigua fábrica de aceites comestibles, por todos conocidos como La Mantequera, aquella otrora Hidrogenadora Nacional hoy sufre los embates del tiempo, de esa falta de atención e interés político por darle nuevamente vida, no reconstruyéndola, no echándola nuevamente a funcionar, sino a que forme parte, aunque sea de ese embellecimiento urbano, progreso económico y social.

Un hipódromo galgódromo que puso a Nuevo Laredo en el ojo turístico no tan sólo de México, sino de muchas partes del planeta, hoy de él tan sólo se alcanza y apreciar de lejos su armoniosa y acertada construcción, pero de cerca brinda a cualquier espectador ese triste final, esa sepultura en donde ningún funcionario político se atreve a tocar.

Por lo visto, la indiferencia es el sinónimo de muchos políticos y funcionarios hacia las cosas que le dieron renombre a Nuevo Laredo, pues nadie y a través de los años, de las décadas se ha preocupado por darle, ofrecer ese renacer a estas otroras construcciones.

Pues como regidores, representantes de sectores estos temas de modernidad, de actualización o mantenimiento, su atención, la petición a quien corresponda por lo que se ve no sucede.

Pues como cabildos, en donde se supone se ventilan todos los casos que de cierto modo afectan o requiere esa atención, por lo visto no surge ese interés para consensarlo, votarlo o de plano colocarlo como una iniciativa para lograr de ésta ese reordenamiento.

Pues como alcaldes, como jefes de la comuna que en el transcurso de los años han sido, por lo mismo tenido la facultad y la autoridad para impulsar, aplicar leyes y reglamentos y así lograr ese necesario empuje para ya y de una vez sacar esa nueva “cara”, esa nueva imagen de Nuevo Laredo, nada de eso ha sucedido.

Hoy debe ser ya el tiempo de ofrecerle a esas obras iniciadas, viejas construcciones o colonias proyectadas o realizadas, aunque sea un poquito de interés político, dejando ya atrás, en el pasado, ese eterno celo como funcionario, así darles continuidad, mantenerlos bien para imagen y bienestar de los neolaredenses, no en el olvido, sino por siempre presentes.