El Mañana

viernes, 06 de diciembre de 2019

Luis Pérez Benítez
En directo Luis Pérez Benítez

Madero y la decena trágica

12 febrero, 2019

Un 12 de febrero de hace ciento seis años, Francisco I. Madero -quien había iniciado la Revolución Mexicana de acuerdo con el Plan de San Luis- se encontraba inmerso en una amarga pesadilla históricamente conocida como “La Decena Trágica” (sucedida del 9 al 18 de febrero de 1913), según refieren los historiadores Noé y Luisa Solchaga en su “Efemérides Mexicanas”.

Por su parte, José Vasconcelos –compañero y amigo muy cercano de Madero– lo consideraba como “uno de los pocos hombres en quien puede fundar su orgullo la raza mexicana”, señala José Antonio Crespo en su obra titulada “Contra la Historia Oficial”, quien adicionalmente opina que Madero fue un mártir, amante de la paz, reformista, religioso (espiritista) y seguidor firme del humanismo cristiano, y que fue por ello que este hombre de bien ganó el título de Apóstol de la Democracia que la posteridad le confirió.

Y es que Madero realizó una hazaña que muchos con mayor experiencia política y militar habían intentado sin éxito: la de derrocar al otrora poderoso, siete veces Presidente y dictador por más de 30 años, Porfirio Díaz, osadía ésta que el abuelo de Madero, Don Evaristo Madero Elizondo, calificó como “una desigual batalla entre un microbio y un elefante”, advirtiendo Don Evaristo a su inquieto nieto Francisco I. Madero González que recordara que los redentores siempre terminaban crucificados, lo que desgraciadamente sucedió durante la triste y penosa Decena Trágica en 1913.

Pero aquel microbio -según cita textualmente Crespo- fue portador de un virus que infectó y terminó matando a la molicie del elefante que representaba el Porfiriato, como consecuencia no de la conciencia generalizada, sino del hartazgo político del pueblo mexicano. El escritor José Luis Trueba Lara afirma en su obra titulada “La Vida y la Muerte en Tiempos de la Revolución”, que la misma se inició con la participación de muy pocos mexicanos ya que en ese entonces la política era asunto de unos cuantos que intuían lo que iba a suceder en el país, como lo hizo el gran Madero.

Desgraciadamente el dolor y daño causados por la Revolución Mexicana a los ciudadanos mexicanos que la vivieron se ha ido disolviendo y borrando con el paso del tiempo, al grado de casi olvidarse los historiadores de las penurias que tuvieron que aguantar y sufrir muchas familias mexicanas antes, durante y después de los cobardes asesinatos de Madero y de su hermano Gustavo, a manos de soldados bajo las obnubiladas órdenes del borracho militar Huerta.

Prueba documentada importante de ello se plasma en el valioso e interesante libro denominado “Antes que los Borre el Tiempo”, escrito por Martha E. Madero -sobrina de don Francisco I. Madero-, en donde afirma que “En esta época quizás nos parezca que la Revolución Mexicana no dejó víctimas, ni resentimientos ni heridas, pero en realidad hablar de la gente que vivió durante ese tiempo traumático que tuvo un gran costo humano, físico, emocional, sin contar lo material que fue de un menoscabo enorme, y asistir con ellos a la pérdida de sus seres queridos, de su orden y valores, fue muy difícil hacerlo”. Sin duda alguna fue Madero un gran hombre. Hasta pronto.