El Mañana

domingo, 25 de agosto de 2019

Jorge Nuño Jiménez
Artículo Jorge Nuño Jiménez

México-Estados Unidos, ¿Cooperación o confrontación?

6 julio, 2019

Conocí los Estados Unidos en diferentes momentos y circunstancias de mi vida después de mi periplo por Europa. Primero en Francia, colaborando a finales del siglo pasado en tareas de la UNESCO al lado del ex presidente Luis Echeverría Álvarez, entonces Embajador de México ante la UNESCO.

Aquí conocí a una pléyade de hombres brillantes de la época en esa Institución para la educación la ciencia y la cultura. Fue el caso de Edgar Morin, François Mitterrand, el canciller Willy Brandt, líder de la socialdemocracia, defensor de los pueblos oprimidos; Julius Nyerere, Arturo Uslar Pietri, Amadou-Mahtar M’Bow, director general. Después de residir dos años y medio en Australia, Nueva Zelanda, las Islas Fiji y archipiélagos del Pacífico. Mi siguiente meta singular serían los Estados Unidos de Norteamérica.

Mi experiencia en la Unión Americana tuvo lugar en distintos momentos.En mi calidad ya como director general de este Instituto. Asistiendo a múltiples conferencias de la ONU, me vinculo a la agenda multilateral de esta Institución para preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra. La lucha por la paz y la seguridad internacional. Hoy suenan tambores de guerra.

En aquella época aprendí a conocer y respetar a su gente, observando sus costumbres, historia y tradiciones, específicamente en Nueva York, que es muy distinta al resto de la Unión Americana. Centro financiero y cultural del mundo, comprendí que esa nación se nutrió de corrientes migratorias de todo el mundo en busca de libertades y bienestar. Agrupa en su seno enormes contradicciones entre débiles, magnates y trabajadores migrantes de México, América Latina y muchas partes del mundo.

Como lector asiduo de las relaciones históricas méxico-norteamericanas, después de la amarga e injusta guerra de 1846-1848 hace 171 años estas dos naciones pasaron del conflicto armado, de las invasiones, a la alianza militar y política. De la cooperación económica a la integración regional. Esto nos deja los retos para forjar un destino común: “la cooperación”, como fue el caso de nuestra alianza durante la Segunda Guerra Mundial, la coordinación de nuestras relaciones bilaterales en temas: comercio, migración, narcotráfico, medio ambiente, política exterior, conflictos internacionales, evitando conflictos estériles o amenazas.

Se respiraba entonces la etapa final de la ocupación injusta de Vietnam, poco después el escándalo de Watergate que conmovía al mundo con la renuncia del presidente Republicano Richard Nixon. Entendí entonces que esta “Gran Manzana” que es Nueva York es el símbolo del poderío de esa nación, pero que casi nada tiene que ver con el resto del país. Este acercamiento fue en un momento de tensiones globales, era la época de la “Guerra Fría”. El conflicto árabe-israelí, la crisis del petróleo, perfilándose EU como primera potencia mundial; la Unión Soviética se tambaleaba. Era el inicio de la globalización.

La orientación y consejos del embajador mexicano ante ese alto organismo (ONU) Porfirio Muñoz Ledo, quien siempre me ha distinguido con su amistad, hombre de Estado, brillante, de gran astucia política y diplomática. Gracias a sus sabios consejos logré moverme en el complejo laberinto de la organización internacional para obtener el reconocimiento de esta institución como “Organismo Consultivo No Gubernamental Estatus II”.

Posteriormente establecí una fructífera amistad con Rosario Green, entonces subsecretaria de la ONU. Había colaborado brillantemente en el Centro de Estudios, con quien logramos que Butros Butros-Ghali recibiera a los Organismos No Gubernamentales en la sala del pleno de ese alto Organismo.

El trágico ataque a las Torres Gemelas aquel 11 de septiembre de 2001 conmovió al mundo. Fue la gran experiencia de mi vida. Ese día asistía al inicio de la Conferencia General de la ONU, programé un desayuno en el restaurante “Windows on the World” de las Torres Gemelas en el piso 106. Lo cancelé para desayunar con mi Maestra Sandra Maldonado de la Fundación Carol Baur, y coordinar la participación de niños por la paz en la Asamblea General, a unas cuantas cuadras de esa tragedia.

Comprendí entonces en la fuerza del destino, ese día comenzaba el siglo XXI, aparecían nuevos retos, desafíos, miedos, peligros para lidiar con un nuevo enemigo mortal: el terrorismo que como Espada de Damocles pende de un hilo sobre la humanidad.

* Director General. Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo AC