El Mañana

lunes, 16 de septiembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

¡Mi esposa se está ahogando!

21 abril, 2019

Don Chinguetas y doña Macalota fueron a una granja. Ella observaba al gallo, que se atareaba asiduamente con las gallinas. “Aprende -le dijo en voz baja doña Macalota a su marido-. Lo hace varias veces”. “Sí -replicó don Chinguetas-. Tiene varias gallinas”… Un señor llegó a todo correr a donde estaba el pescador junto a su barca. “¡Por favor venga rápido! -le rogó lleno de angustia-. ¡Mi esposa se está ahogando y yo no sé nadar! ¡Si la salva le daré un millón de pesos!”. El pescador se apresuró a ir a donde le decía el señor y, en efecto, vio a una mujer que braceaba desesperadamente para no hundirse. Se lanzó a las olas el pescador, nadó vigorosamente hasta llegar a la mujer y la trajo de regreso a la orilla, sana y salva. “¡Gracias, buen hombre! -profirió el señor, agradecido-. ¡Ha salvado usted la vida de mi esposa! ¡Hoy mismo le daré el millón de pesos!”. Y así diciendo fue lleno de emoción a abrazar a la compañera de su vida. “¡Santo Cielo! -exclamó lleno de asombro al verla-. ¡No es mi esposa! ¡Es mi suegra! ¡Me confundí porque lleva un traje de baño de mi mujer!”. “¡Uta! -se consternó entonces el pescador-. ¡Esta maldita suerte mía! ¿Cuánto le debo, señor?”… La maestra les pidió a los niños: “Mencionen algo que sea bonito”. Propuso Rosilita: “Una flor”. Sugirió Juanilito: “Un amanecer”. Dijo Tonilo: “Un cachorrito”. Pepito levantó la mano. “Un embarazo”, declaró. “¿Un embarazo? -se sorprendió la profesora-. ¿Por qué dices eso?”. Explicó Pepito: “Mi hermana soltera anunció hace unos días que estaba embarazada. Y dijo mi papá: ‘Qué bonito, ¿verdad? Qué bonito’”… En La Habana, la hermosa capital de Cuba, se estaba llevando a cabo la reunión mensual de Alcohólicos Anónimos. Quien presidía la junta se dispuso a pasar lista mencionando a cada miembro del grupo por su nombre de pila y la primera letra de su apellido paterno, en orden alfabético. Empezó: “Catarrino A.”. “Presente, chico”, respondió el nombrado. “Enofilio B.”. Contestó otro: “Acá estoy”. “Ginebrina C.”. “Yo soy, caballero”, dijo una mujer. “Baco D.”. “Presente”. “Empédocles E.”. “Presente también”. “Bebilia F.”. Nadie respondió. Repitió el que pasaba la lista: “Bebilia F.”. Silencio. Levantó la voz el hombre e insistió por la tercera vez: “¡Bebilia F.!”. No contestó la de ese nombre. Prosiguió entonces el señor: “Ciriaco G.”. Y con el típico modo de hablar de los cubanos dijo uno desde el fondo del salón: “Yo creo que sí, chico, porque lo borracha ya se le quitó, pero lo putilinga no se le ha quitao”… El nuevo párroco del pueblo habló con la pareja de ancianitos al terminar la misa. “Me han conmovido ustedes -les dijo emocionado-. Es muy raro el caso de una pareja que a pesar de los años se sigue amando como el primer día, y vi que ustedes estuvieron tomados de las manos todo el tiempo”. Explicó la viejita: “Padre: si no le tomo las manos este tal por cual le agarra las nachas a la mujer que tiene más cerca”… El doctor Ken Hosanna examinó a su paciente, un viejo ricachón de nombre don Pecunio. “Dígame, doctor -preguntó con angustia el valetudinario-. ¿Estoy tan mal como me siento?”. “Tranquilícese -respondió el facultativo-. Todavía dará usted muchas alegrías a sus hijos y a sus nietos”. “¿De veras, doctor?” -exclamó el vejancón lleno de esperanza. “Sí -confirmó el médico-. Cuando lean su testamento”… FIN.