El Mañana de Nuevo Laredo

Adolfo Mondragón

Cosas de mi pueblo y del otro lado

Adolfo Mondragón

23 noviembre, 2019

Mi no comprende



La verdad
no acabo de entender las razones por las cuales en estos tiempos les ha dado
por cambiar las fechas de asueto para festejar los días patrios, antes el día
20 de noviembre se festejaba el día 20, aunque cayera en domingo, al día
siguiente se trabajaba normalmente, a menos de que fuera sábado o domingo y
nada de que amanecimos cansados. El desfile se realizaba, si hacía frío
usábamos sudaderas, si amanecía caliente, camiseta, la única excepción era la
lluvia, sólo la lluvia nos aguaba el desfile.

Lo más
grave es que también se suspenden las clases porque hace frío. Hasta 5 grados,
queda a criterio de los padres, de cero para abajo, suspensión, no hay clases.
Aunque luego vemos a los niños jugando en la calle, a ellos no los detiene el
frío para salir a jugar, así que no tiene caso que no asistan a la escuela, si
como quiera van a salir a jugar o incluso van con la madre a algún mandado. Los
niños hacen lo que los padres les indican y son los padres los que no quieren
que salgan por el frío, aunque luego salgan a jugar.

Nuestros
padres no eran crueles ni desconsiderados, pero nos mandaban a la escuela así
estuviera helando, muchas veces fuimos quebrando el hielo de la calle, cortando
las estalactitas que se hacían en las plantas, nadie faltaba, esta práctica me
tocó ya siendo maestro y tengo muy presente cuando trabajé en la Secundaria 3,
entraba todos los días a las 7:00 y tenía el grupo completo, a las ventanas les
faltaban vidrios, obviamente no había aire acondicionado o calefacción, pero
nadie faltaba. Muchos carecían de una buena chamarra y se empalmaban todo lo
que tenían, pero no faltaban.

Por eso es
que no entiendo que ahora porque sopló el norte, ya suspenden clases, con estas
nefastas prácticas, estamos formando seres pusilánimes, e irresponsables, ¿qué
van a hacer cuando ya estén trabajando? ¿Dejarán de ir a trabajar porque hace
frío, lo van a dejar a su criterio? El tiempo es lo único que no se puede
recuperar, tiempo perdido, es tiempo perdido y cada día de clases que se
suspende, no habrá manera de que se recupere, lo contrario son falacias,
quimeras, justificaciones que no justifican nada.

Es cierto
que en aquellos tiempos, teníamos dos meses completos de vacaciones: julio y
agosto, para regresar el día 2 de septiembre (el 1 era el informe
presidencial), pero el resto del año era de trabajo efectivo, sin “puentes” ni
suspensiones, los días festivos se festejaban, pero sin suspender clases, las
reuniones como talleres de cooperación pedagógica se hacían en sábado, igual
sucedía con las juntas sindicales, los días laborales eran sagrados y no se
tocaban bajo ninguna circunstancia. Por eso, aunque los programas eran muy
extensos, se alcanzaban a ver todos en un año lectivo.

Yo tenía la
esperanza que con el nuevo gobierno se acabaran esas prácticas tan negativas y
volviéramos a los tiempos de orden y disciplina, a la época del trabajo, a la
costumbre de no faltar ni suspender clases; sin embargo, parece que como la
sociedad ha cambiado, ahora no es posible que acepten el orden y la disciplina,
los padres se oponen a ello, aunque sí critican y cuestionan, pero como que ya
lo hacen por costumbre y sin sustento ni razón. Ni modo, son sus hijos, ellos
deciden, aunque su decisión los perjudique.

Es natural
que añoremos esos viejos tiempos, esos antiguos programas en los que se veía
historia, geografía, lengua nacional (incluida la gramática, caligrafía y
ortografía), aritmética y geometría, civismo y ciencias naturales. Teníamos
deportes y se realizaban las famosas competencias de las rondas y juegos
tradicionales, al final de año se hacían los trabajos manuales para su
exhibición; en fin eran otros tiempos, otros niños y sobre todo otros padres de
familia. Los maestros también han cambiado a la par que la sociedad, pero los
de la vieja guardia, los que quedamos, seguiremos añorando aquellos tiempos.

 Gracias amable lector por la gentileza de su
atención, le deseo un espléndido fin de semana en familia.

Más opiniones de
Adolfo Mondragón