El Mañana

miércoles, 19 de junio de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Migrantes en la Casa AMAR

30 marzo, 2019

Este pasado martes tuve la oportunidad de llevar al “Clan Pioneros”, integrado por alumnos de los tres grados de preparatoria a visitar la Casa del Migrante AMAR. Hace tiempo había llevado a otro grupo de secundaria y la visita fue una vivencia enriquecedora e inolvidable; quería repetir la experiencia, así que animé a mis alumnos, ahora de preparatoria, a llevar alimentos no perecederos, pañales, jabones y otras cosas que les son útiles y necesarias a estos hermanos, que la verdad están pasando por circunstancias muy difíciles. Al llevarles un poco de ayuda, nos traemos un enorme crecimiento humano.

Lo que vivimos no es algo que se pueda aprender en un aula, son experiencias de vida que lo marcan a uno para siempre, tener ese contacto con la desdicha de seres iguales a nosotros, pero en condiciones de desgracia, nos permite valorar la bendición que significa tener un hogar, una familia y que no nos falten alimentos y cariño; mis alumnos pudieron ponderar la importancia de poder asistir a un colegio, de que no les falta nada en casa y reconocer que realmente no hacemos nada para merecerlo. Tener enfrente el sufrimiento y palpar la desgracia, si bien lacera el espíritu, lo hace reconsiderar todo.

La primera vez que fuimos, tenía un amplio patio al frente, el tercer piso estaba apenas en construcción y había lugar para todos, la mayoría era gente del Congo, muchos niños muy hermosos, no sé qué tienen los negros que de chiquitos son verdaderos cromos, con sus amplias sonrisas y sus enormes ojos, brillantes y vivarachos, las niñas peinadas con sus múltiples y artísticas trencitas y los niños con sus pelo hirsuto pegado al cráneo. En esa ocasión mis alumnos se divirtieron y jugaron con sus iguales. Ahora, las cosas y circunstancias han cambiado, el gran patio desapareció para dar lugar a la instalación de cualquier cantidad de casas de campaña, iglús, o simples lonas.

El espacio es absolutamente insuficiente para albergar dignamente a tanto migrante, ha llegado mucha gente de todo Centroamérica, Honduras, El Salvador, Guatemala, muchísimos cubanos y hasta venezolanos; hace unos días habían llegado unos rusos, no sé si permanezcan. Aquello es una verdadera liga de las naciones; sin embargo, sus condiciones de hacinamiento no les resta el gusto por vivir y de tener una esperanza renovada, su fe es mucho más grande que su desgracia. Es una delicia ver caminar a las mujeres cubanas entre tanto obstáculo con su famoso “tumbao” y tarareando un son, oír el hablar de los hondureños, la risa de sus mujeres, la algarabía de tantos niños de tantas nacionalidades. Aquello no tiene nombre.

Esta casa del migrante es auspiciada por la Galaxia Adventista del Séptimo Día, su pastor está haciendo un extraordinario trabajo humanitario, sin parangón. Diariamente trabaja desde muy temprano y todos los días, con Migración está al pendiente de las listas que se entregan a Migración americana y tiene listos a los que van a llamar para valorar sus condiciones y ver si tienen el perfil y se les puede dar una visa humanitaria. Esa es su esperanza, por eso aguantan toda la adversidad, tienen la ilusión de ser aceptados en los Estados Unidos y poder irse a trabajar para iniciar una nueva vida.

Visitar este albergue, convivir con los migrantes, ver sus familias, pero sobre todo constatar que nada les hace perder la fe y descubrir en sus miradas ese rayo de esperanza; es una enorme lección, es una bofetada por nuestro orgullo, vanidad, ingratitud, soberbia y falta de humildad. En cada uno de ellos está Jesús, esperando ser arropado, esperando un vaso de agua y un poco de comida, cada uno de ellos es nuestro prójimo al que debemos amar como a nosotros mismos; no me explico cómo puede haber gente que desprecie y se lamente de que nos lleguen migrantes cuando nos los envía Dios como una oportunidad para ser mejores seres humanos, reivindicarnos con la vida y dar gracias.

Gracias amable lector por la gentileza de atención. Le deseo un espléndido fin de semana en familia. Disfrútela y déle gracias a Dios que no tiene que emigrar; si puede lleve algo a esos hermanos, pero sobre todo llévese usted mismo y verá que sale lleno de amor.