El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Elba Balmori
Cicatrices del alma Elba Balmori

Mirada de amor

30 marzo, 2019

Hace un par de meses mientras esperaba a mi hija en una cafetería de Nueva York me puse a observar a varias de las personas que estaban ahí. No era la primera vez que permanecía en ese lugar esperando a mi hija, pero si fue la primera vez que me di cuenta que la mayoría de las personas que estaban ahí eran de la tercera edad. Ellos estaban tranquilamente tomándose un café o disfrutando de una sopa caliente. Afuera el viento helado parecía decirles que permanecieran ahí. La verdad ellos no mostraban tener prisa alguna en salir, algunos ya llevaban varias tazas de café y permanecían callados viendo a la nada. No me atreví a entablar una conversación con alguno de ellos porque en esa ciudad no mucha gente responde con una sonrisa cuando se cruzan las miradas así que opte por observarlos e imaginar. Muchos pensamientos pasaron por mi mente y comencé a escribir ahí mismo. Esto que ahora les comparto es lo que escribí cuando llegue al departamento de mi hija. Seguramente la próxima vez que visite ese lugar tendré la oportunidad de escribir algún otro pensamiento mientras espero a mi hija. Frecuentemente mi hija pasa por esa cafetería por un café antes de llegar a su escuela y a veces me manda una foto de ese lugar y yo le respondo que me salude a mis amigos. Titule 20/20 a esta historia porque parece ser que esa es la visión perfecta y porque hay que tener una visión así para ver con los ojos del alma. Contacto, ebalmorig62@gmail.com

20/20
Es verdad que ya no tengo la energía de antaño, pero a quien le importa, no llevo prisa por llegar a alguna parte, nadie me espera y mis pasos son pausados porque han aprendido a disfrutar el camino. Antes, cuando me sobraba energía no me daba cuenta de ello, pero ahora he aprendido a saborear el tiempo.
Si, mis ojos ahora han perdido visión porque ya han visto demasiado, ahora ignoran todo aquello que no es agradable, se cierran a lo que nos les aporta alegría y se enfocan en la belleza de la vida. Mis ojos ahora cansados, han aprendido a ver con profundidad.
Ahora mis oídos se niegan a oír necedades, pláticas sin sentido y todo a aquello que consideran ruido. Ahora escuchan la melodía de la vida, esos sonidos que antes pasaban inadvertidos a mis jóvenes oídos y que ahora solo perciben algunas personas que tienen mi edad.
También es cierto que somos más sensibles porque nuestro corazón sabe apreciar los detalles que otros no ven o no entienden. A veces lloramos sin motivo aparente porque el alma no envejece y en ocasiones el recuerdo de las personas que se han ido nos inunda por dentro y se escapa en forma de lágrimas.
Dicen que las personas de mi edad duermen poco y la verdad ellos tienen razón. Creo que dormimos menos porque estamos conscientes del tiempo y queremos aprovechar la vida que nos queda. Estamos despidiéndonos a nuestra manera cada día.
Hay quienes nos ven con lastima, como si llegar a viejo fuera una enfermedad o un castigo cuando en realidad es un privilegio. Aun no se han dado cuenta que la belleza y la juventud con el transcurrir de los años es lo primero que se va, dejando a su paso la experiencia adquirida y la esencia de cada uno de nosotros.
Algunos de nosotros hemos dominado el difícil arte de decir adiós. Ya le hemos dicho adiós a tantas cosas, a tantas etapas y a tantas personas, que estamos preparados para nuestra propia despedida. Llegar a la tercera edad, como suelen llamar a esta etapa, es la última oportunidad que la vida nos da para darnos cuenta de lo afortunados que somos algunos.
Elba Balmori