El Mañana de Nuevo Laredo

Armando Fuentes Aguirre

Mirador

Armando Fuentes Aguirre

1 diciembre, 2019

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Me habría gustado conocer al padre Zeferino Luna
Mier.

Primera confesión: el nombre del sacerdote es un
invento mío.

Fue cura párroco en una pequeña iglesia de
barriada en Seria.

Segunda confesión: el nombre de esa ciudad es
igualmente imaginario.

El padre Zeferino carecía de dotes oratorios,
pero era dueño de la mejor elocuencia: la verdad.

Sabía cómo decirla, y cuándo. Sus muchos años de
ministerio le habían enseñado que muchos pobres no son necesariamente buenos
por el solo hecho de ser pobres, y que muchos ricos no son necesariamente malos
por el solo hecho de ser ricos.

Cuando la teología de la liberación estaba muy
de moda el padre Luna dijo en una reunión del presbiterio:

– De lo primero que tenemos que liberarnos es de
esa teología.

Su obispo era vanidoso y negligente. Y comentaba
el padre Luna:

– En el juicio final no será obispo.

Añadía:

– Y allá abajo tampoco.

Me habría gustado conocer el padre Luna. Su nombre es inventado, pero él no.

¡Hasta mañana!…

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