El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Armando Fuentes Aguirre
Mirador Armando Fuentes Aguirre

Mirador

7 marzo, 2019

El viajero llega a General Cepeda, la antigua villa que alguna vez fue cabecera del marquesado de San Miguel de Aguayo, en Coahuila.

Ahí vivieron sus abuelos; ahí su madre pasó su infancia y juventud. Tiene raíces, pues, el caminante en este lugar lleno de historias y leyendas.

Entra el viajero en el pequeño templo parroquial, dedicado a San Francisco, patrono del poblado. Ahí mira la imagen de San Isidro Labrador, que pone el agua y quita el sol, y la de una dolorida Dolorosa. En el piso, frente al altar, hay una lápida mortuoria que se lee con dificultad: “El amor fraternal colocó aquí esta losa para cubrir las cenizas de doña Ana María Valdivielco de Malo, que después de haber cumplido escrupulosamente sus deberes de hija obediente, esposa fiel y madre cuidadosa falleció en la Hacienda de Patos el día 6 de enero de 1822”.

El peregrino se pregunta quién fue esta señora que vivió en el mundo en que ahora vive él. Se pregunta también qué amor pondrá una losa sobre sus cenizas, y qué inscripción tendrá su lápida. Pero esas preguntas duran poco. El viajero sale del templo. El día es claro; en la plazuela que está enfrente los árboles muestras brotes nuevos, y por la calle pasan dos lindas muchachas hablando y riendo alegremente.

¡Hasta mañana!…