El Mañana de Nuevo Laredo

Armando Fuentes Aguirre

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Armando Fuentes Aguirre

22 diciembre, 2020

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“El padre Pantoja está que se antoja”.

Eso decían las muchachas iglesieras de Saltillo cuando el joven presbítero Pedro Pantoja Arreola llegó a ejercer su ministerio en mi ciudad.

En efecto, el novel sacerdote era muy guapo. Alto y bien plantado, más parecía galán cinematográfico que cura. Su vocación, sin embargo, era servir a los demás, y a eso dedicó su sacerdocio.

Se dio en cuerpo y alma al cuidado y defensa de los pobres y necesitados. Para ir hacia ellos no esperaba a que hubiera cámaras y micrófonos. Su labor fue callada, silenciosa. Cuando le entregaban algún reconocimiento a su labor lo recibía como a pesar de él mismo.

Fundó varias casas de ayuda a los migrantes, y por eso fue objeto de hostigamientos y amenazas. Eso jamás lo amedrentó. Hasta el final ungió a su prójimo con el santo sacramento de la bondad humana. Llevó los últimos consuelos de la religión a muchos enfermos de coronavirus. Quizás ahí se contagió, y este pasado viernes murió víctima del mal.

El padre Pantoja hizo mucho bien. Jamás será olvidado.

¡Hasta mañana!…

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