El Mañana

lunes, 21 de enero de 2019

Armando Fuentes Aguirre
Mirador Armando Fuentes Aguirre

Mirador

15 enero, 2019

Nuestros antepasados indígenas eran dueños de un fantástico bestiario donde los animales asumían cualidades mágicas.
De la comadreja decían que se embarazaba por las orejas y paría por la boca.
De la serpiente contaban que bebía la leche del seno de la mujer que se había dormido mientras amamantaba a su hijo. La sierpe metía la cola en la boca del bebé para que no llorara.
Al coyote le atribuían una extraña habilidad: daba vueltas y vueltas en torno de una palma hasta que, mareada, soltaba sus sabrosos dátiles.
Las perdices, según ellos, eran tan lúbricas y sensuales que si el viento les llegaba desde el lugar donde se hallaba el macho con sólo eso concebían.
Para ellos la saltapared era ave de mal agüero: si se posaba en el techo de una casa eso significaba que la mujer que ahí vivía le era infiel a su marido. La espantaban entonces con la escoba, o les pedían a sus hijos que le tiraran piedras.
Recordemos por último el famoso dicho: “Cuando el tecolote canta el indio muere”. Y su remate: “Eso no es cierto, pero sucede”.
¡Hasta mañana!…