El Mañana de Nuevo Laredo

Adolfo Mondragón

Cosas de mi pueblo y del otro lado

Adolfo Mondragón

8 agosto, 2020

Muere el hombre, nace la leyenda



El sorpresivo deceso de Roberto Gálvez nos ha dejado a todos pasmados, atónitos, sorprendidos, no lo esperábamos, creíamos que la voz de Roberto no se iba a apagar jamás, que Roberto nunca iba a morir. Nos preocupaba cuando sabíamos que estaba enfermo, pero también sabíamos que se recuperaría, siempre lo hacía, regresaba con nuevos bríos y mayor entusiasmo a su micrófono, a su noticiario, a su Querreque. Olvidamos que Roberto, como todos nosotros, también era mortal y que un día nos dejaría, pero nadie lo quería y menos lo esperaba.
Roberto deja un profundo hueco imposible de llenar. No hay en el ámbito radiofónico quien lo pueda sustituir, nadie con su peculiar estilo, nadie con su entusiasmo y alegría, nadie como él parta transformar un chisme popular en noticia de primera plana o la más solemne información en algo chusco. Tenía esa increíble capacidad de atenuar las malas noticias, suavizarlas para hacerlas digeribles, y si no las había, él las creaba, convertía algo trivial en noticia y las explotaba durante días, hasta que aparecía en el horizonte algo bueno de qué hablar. Pero nunca se quedó callado, nunca le faltaron palabras.
Roberto tenía una “chispa” natural y espontánea, nunca se le oía afectado o forzado, todo le fluía con natural tersura. Nada para alegrar la mañana, como prender el radio en Stereo 91 y escuchar la voz de Roberto; nos hacía el día. Contagiaba su actitud festiva y su entusiasmo siempre desbordante, no me explico de dónde sacaba tanta alegría y entusiasmo, como que tenía una reserva inagotable de ambos. Todavía, después de salir del trabajo, le seguía en otra cosa, en lo que fuera, siempre estaba ocupado, su día tenía más de 24 horas y su semana no era de sólo siete días.
Ha sido verdaderamente impresionante la cantidad de condolencias que se han expresado en el pueblo para sus familiares, en Facebook, en WhatsApp, en todas las redes, en los periódicos, en los programas de noticias de todas las estaciones de radio y televisión, en fin, por todos los medios y de mil maneras, el pueblo ha expresado su consternación por esta sensible pérdida, todos estamos de acuerdo en que la radio ya no será igual sin la voz de Roberto cada mañana. Definitivamente, ya nada será igual, nosotros tampoco seremos los mismos al faltarnos quien nos alegraba y llenaba de entusiasmo para salir a la escuela o a trabajar.
Cuando abrieron la Casa de la Juventud, mi madre entró a trabajar, ahí conocí a Roberto Gálvez, era un chavito que no cumplía los 20 años, poseedor de una memoria asombrosa, capaz de recordar las cédulas cuartas de todos los empleados del Instituto puesto que él hacía las nóminas de pago. Yo estaba en la Normal, a unos pasos y en los descansos o en hora libre, corríamos a la Casa de la Juventud para platicar y bromear con Roberto, Pichina Peña, Quintín González, y otros compañeros, desde entonces le conocí a Roberto esa chispa tan característica y que después usaría frente al micrófono.
Todo se fue dando de una forma natural, Roberto llegaba a Stero 91 cuando estaba por la Reynosa para anunciar algún evento de la Casa de la Juventud o promover las inscripciones, invitar a las diversas actividades, deportivas, sociales, académicas, en fin, todo lo que se impartía en esa institución. Don Fidel Cuéllar, hombre de enorme colmillo, le vio a Roberto cualidades para el micrófono, modulaba bien la voz y tenía buen registro, así que lo invitó a trabajar con él; como el grupo de danza era el plato fuerte de la Casa de la Juventud, le inventó que llegaba bailando “El Querreque”, y desde entonces se le quedó. Era genial don Fidel.
Todo esto sucedió hace 50 años, los mismos que Roberto se convirtió en la voz más popular de la radio; durante todo ese tiempo, nunca se le pudo quitar el primer lugar en auditorio, su noticiario era el más escuchado y si alguien quería dar a conocer algo, tenía que ir forzosamente con Roberto y todo el pueblo se enteraba. Ante tanto alud de anunciantes, se vieron obligados a subir las tarifas de ese horario y poder así bajar la gran cantidad de anunciantes, pero resultó al revés, la gente, comerciantes y demás, querían que Gálvez los anunciara. Era una garantía de éxito.
No sé qué va a pasar, pero estoy seguro de que ya nada será igual. El eco y el recuerdo de la voz de Roberto Gálvez seguirán escuchándose muchos años aún después de su muerte, vendrán otras generaciones y sabrán que hubo un hombre, un Querreque con el que todo el pueblo se levantaba y les platicarán a sus hijos de esa historia. Roberto Gálvez Martínez, convertido en leyenda.
Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un magnífico domingo en familia, naturalmente, disfrute ambos.

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