El Mañana

jueves, 05 de diciembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Murieron el mismo día

11 junio, 2019

El ardiente galán ansiaba gozar ya el más íntimo encanto de su novia. Ella se resistía. Le decía una y otra vez: “Soy señorita”. Con eso quería significar que conservaba aún la gala de su virginidad, y que no estaba dispuesta a permitir que algo le entrara si antes no le entraba el anillo de casada. Sin embargo no hay pertinacia mayor que la de un hombre en rijo. El Señor le dio al varón dos órganos muy importantes, pero los dos no pueden funcionar al mismo tiempo. El novio porfió y porfió y porfió, y consiguió finalmente, bajo palabra de matrimonio, que la muchacha accediera a entregarle por adelantado la impoluta flor que le iba a dar cuando fuera su esposo. La entrega tuvo lugar en un ameno y soledoso prado. El galán tendió a la chica sobre el suelo y luego él se tendió sobre ella. En el curso del acto el muchacho se asombró al ver que su novia, que él creía ingenua y cándida, hacía movimientos que la más lasciva cortesana habría envidiado. Una y otra vez adelantaba la pelvis con gran ímpetu; le daba vueltas como figurando la letra ‘o’; se torcía y retorcía en modo tal que provocó la rápida terminación de las acciones. El novio, enfadado por verse vencido tan prontamente en aquel dulce combate, le dijo amoscado a la muchacha: “Los movimientos que hiciste no son propios de una señorita”. “Sí lo son”, replicó ella. “Son los movimientos propios de una señorita a la que el indejo de su novio acostó sobre un hormiguero”… El esposo y la esposa llegaron al mismo tiempo al Cielo. San Pedro, el portero celestial, le preguntó al marido: “¿Cuántas veces engañaste a tu mujer?”. El hombre, apenado por la presencia de su cónyuge, respondió bajando la cabeza: “Una vez”. Le indicó el apóstol de las llaves: “Le darás una vuelta a la muralla de la mansión celeste”. No echaba aún a caminar el contrito señor cuando San Pedro le preguntó a la mujer: “Y tú ¿cuántas veces le fuiste infiel a tu marido?”. A esa pregunta la esposa respondió con otra: “¿Tienes una bicicleta?”… La tía de Pepito declaró: “En toda mi vida no recuerdo haber dicho más de dos mentiras”. “Y con ésta tres”, completó el niño… Ella le dijo a él: “Soy muy pudorosa. Lo haremos con la luz apagada”. “Está bien”, admitió él. “Entonces déjame cerrar la puerta del coche”… Tonilito les dijo a sus compañeros del jardín de niños: “A mí me trajo la cigüeña; mi hermanito vino de París y a mi hermanita la encontró mi mami abajo de una col”. Preguntó Pepito: “¿Qué tu papá no funciona?”… A don Languidio le había ido mal en los negocios. Una amiga de su mujer le dijo a ésta: “Supe que tu marido anda de capa caída”. Confirmó la señora: “De capa y de todo lo demás”… Se casó cierto señor. Al mes fue con el doctor Ken Hosanna, pues se sentía desfallecido, exánime, abatido. Relató: “A todas horas de la mañana y de la noche mi mujer me grita: ‘¡Montelongo!’”. “No veo nada extraño en eso -replicó el facultativo-. Muchas esposas llaman a sus esposos por el apellido. “No me entendió usted, doctor -precisó con débil voz el hombre-. Mi apellido es Longo”… En la playa aquella linda chica iba completamente en peletier, quiero decir sin ropa, en cuero de rana, y su amiga caminaba sin llevar otra cosa que un trocito de tela en la parte que más debía cubrir. Un gendarme celoso de su deber las detuvo y las llevó ante el juez. El juzgador, después de enterarse del caso, les impuso a las mujeres sendas multas. A la que iba sin nada encima le cobró mil pesos. A la del trocito de tela, 5 mil. “Pero, su señoría -protestó ésta-. ¿Por qué a mi amiga, que iba completamente desnuda, le cobra usted mil pesos nada más, y a mí, que por lo menos me tapé algo, me pone de multa 5 mil?”. Explicó el letrado: “Mil pesos es la multa que se aplica por faltas a la moral. La multa de 5 mil se impone a quien oculta artículos de primera necesidad”… FIN.