El Mañana

viernes, 20 de septiembre de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Ni uno les embona

15 junio, 2019

A raíz del acuerdo del pasado día 7 de junio en el que se llegó a un compromiso migratorio para evitar la unilateral imposición del 5% de arancel a todos los productos mexicanos que importan en Estados Unidos y la posibilidad de incrementarlos de 5 en 5 cada mes, hasta 25%, por un capricho del Presidente Trump y desconociendo la existencia de un tratado de libre comercio (TLCAN), esto, si no se ponía freno a la migración por nuestro país, contraviniendo la tradición mexicana de brindar asilo y apoyo a los migrantes, con absoluto respeto a los derechos humanos.

En dicho acuerdo, México se compromete en un plazo de 45 días a controlar el flujo migratorio proveniente de Centroamérica y el de África, principalmente. Desplegará seis mil efectivos de la Guardia Nacional para vigilar la frontera sur. México, sin menoscabo de su independencia y dignidad, acepta estas condiciones, pero agregando el plan de apoyo al desarrollo económico de los países centroamericanos y con absoluto respeto a los derechos humanos y a los acuerdos migratorios firmados por México, como el de Marraquech. Acepta también recibir a los migrantes indocumentados que regresen de los Estados Unidos, mientras se define su solicitud de asilo humanitario.

México rechaza convertirse en “tercer país seguro”, pero sí recibirá a los que se regresen y procurará brindarles las mejores condiciones de albergue y alimentación; obviamente todo esto tendrá un costo. Esto es a grandes rasgos a lo que México se ha comprometido y le ha valido todo tipo de descalificativos, acusándonos de que seremos el muro en el sur por lo que ya no lo requiere en el norte, que la guardia nacional desempeñará funciones de “la migra”, que nos van a aventar toda la escoria migrante, etc. Las ciudades fronterizas se van a llenar de extranjeros a los que tendremos que mantener sin hacer nada.

Lo grave de estas opiniones es que evidencian el alto grado de deterioro que tenemos como sociedad. El jueves pasado celebramos 80 años de la llegada de los refugiados españoles que huían del fascismo, otros países les negaron el asilo; sin embargo, México los recibió con los brazos abiertos. Aquí encontraron una segunda patria, se incorporaron a la vida nacional y la enriquecieron con sus aportaciones culturales, pintores, escritores, arquitectos, filósofos, músicos, etc. Catedráticos de las Universidades, en fin, lo mejor de la Academia Española. Incluso los famosos “Niños cantores de Morelia”. Para esto sirve la migración, para ampliar nuestras fronteras intelectuales y culturales.

Muchas voces se han alzado criticando los acuerdos, rechazando a los migrantes, reprobando a nuestro Presidente, es obvio que desconocen nuestra historia, que ignoran los conceptos más elementales de sociología y antropología y carecen de sentimientos, aunque se digan cristianos, no se comportan como tales. Si no quieres ver migrantes en la calle, voltéate para otro lado, si no quieres que se les ayude, no les des, pero deja a quienes sí vemos en cada uno de ellos a Jesús que espera de nosotros un pan. “Lo que les des a ellos me lo habréis dado a mí”. Demos gracias a Dios que no tenemos que emigrar para buscar mejores condiciones de vida, miles ya lo han hecho, muchos lo tienen que hacer.

Esta es la razón por la que el Presidente está trabajando en ayudar a estos países a desarrollarse y que sus habitantes no tengan la necesidad de dejar su casa, su tierra, sus raíces y hasta su familia. Esta actitud es de lo más cristiana. México no tiene la culpa de ser el vecino del país más poderoso de la tierra y que tiene el presidente más irascible y xenófobo. “Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, dijo sabiamente Porfirio Díaz y esta máxima sigue teniendo la misma vigencia. No somos culpables de nuestra vecindad y por lo tanto de ser el camino obligado de los migrantes para intentar llegar a los Estados Unidos.

Ningún país en el mundo tiene nuestra situación, ninguno tiene el problema de nosotros y no es nada fácil lidiar con esta nefasta circunstancia y por lo mismo hoy más que nunca, nuestra patria nos reclama unidad, ya sabemos lo que significa estar en pugna interna, esto nos costó la mitad del territorio, no nos expongamos a perder otra parte de él.

Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un espléndido fin de semana en familia, no se le olvide festejar al padre, aunque sea modestamente, también tenemos sentimientos.

Personajes de mi Pueblo y del Otro Lado Adolfo Mondragón

Don Celso Piña