El Mañana de Nuevo Laredo

Adolfo Mondragón

Cosas de mi pueblo y del otro lado

Adolfo Mondragón

27 junio, 2020

No entendemos



Parece que a los laredenses de ambos lados, no nos pueden hacer entender. Tenemos enfrente una terrible pandemia ocasionada por el coronavirus que provoca el Covid-19, virus, que se lleva a todo el que se le pone enfrente y aun así, seguimos retando a la suerte y a la muerte. La receta es muy sencilla: “quédate en casa”, si no tienes que salir, quédate en casa y sin embargo vemos centros comerciales, restaurantes, bares, playas y cuanto centro de diversiones hay, repletos de gente absolutamente irresponsable, faltos de conciencia solidaria que no entienden que deben cuidarse para cuidar a los demás.
La fórmula es así de sencilla: yo me cuido y al mismo tiempo, te cuido a ti. Hacer esto se llama solidaridad, que significa no pensar sólo en uno, sino en uno y los demás, tu problema es mi problema y juntos lo vamos a resolver. Este sentimiento, principio y valor humano, debe de ser la gran lección que nos ha de dejar esta contingencia. De ahora en adelante, nadie puede ser egoísta pues se perjudica a sí mismo y perjudica a los demás. Todas nuestras acciones tienen consecuencias, acciones buenas, consecuencias buenas, pero acciones malas, consecuencias malas y aquí no interviene ni el azar, la fortuna o la suerte. Es ley natural, y si es ley, se cumple.
Hemos visto con gran tristeza que el número de contagiados sigue creciendo exponencialmente en ambos lados, nuestros Laredos, estamos casi devastados, no es la pandemia, es la irresponsabilidad de unos cuantos, o tal vez muchos que se han dedicado a propagarla por todos lados. Si estuviéramos encerrados, el virus no nos encontraría y forzosamente se tendría que ir, pero mientras siga encontrando gente en la calle, en espacios públicos, los va a atacar. Así nunca se va a acabar, nos llegará julio y agosto, septiembre y hasta diciembre. Mientras haya gente fuera de su casa, sin ninguna razón, los demás tendremos que permanecer encerrados.
Hace poco escribía sobre las lecciones que esta contingencia nos debe de dejar, aprendimos que ni el poder ni el dinero tienen ningún valor ni significado, de nada valen ambos cuando tenemos que permanecer confinados. En el confinamiento deben surgir otros valores, los reales y verdaderos, la solidaridad en primer término, si no aprendemos que vivimos en sociedad y que juntos debemos enfrentar todo, entonces no habremos aprendido nada y el tiempo que permanecimos encerrados, fue tiempo perdido.
A este respecto sería bueno revisar los usos y costumbres de nuestros ancestros, eran verdaderos campeones de la solidaridad y sobre todo por la idea de que no hay propiedad privada, sino comunal y la hemos de compartir por igual todos. En estos tiempos en que prevalece la propiedad privada, debemos de hacer del espacio público precisamente esa propiedad comunal que nos pertenece a todos por igual y por lo tanto debemos aplicar y respetar las reglas para disfrutarlo de forma armónica. En estos tiempos, usar el cubrebocas, guardar la sana distancia, evitar el contacto con objetos comunes y sobre todo proteger a los adultos mayores.
Afortunadamente en México prevalece la cultura del cuidado de los ancianos, los cuales permanecen al cuidado de algún miembro de la familia, generalmente de la que no se casó, o del que se quedó soltero, igual viudos o viudas, pero siempre hay alguien de la casa que se hace cargo de los viejos de la familia; es raro que los confinen a un asilo de ancianos a diferencia de Europa o Estados Unidos, por eso fue que perecieron tantos ancianos en las casas de retiro tanto en España como en Italia, incluso en Estados Unidos se dieron casos similares. En ese sentido qué bueno que en México no ha llegado esa cultura de deshacerse de los abuelos, confinándolos en casas, que si bien, tienen todo, carecen del afecto de la familia.
Pero volviendo a las enseñanzas de la pandemia, debemos haber aprendido también que ningún bien material sirve de gran cosa, ni ropa de marca cara, ni costosas joyas o carros lujosos, ni las enormes mansiones o departamentos ostentosos. Todo bien, perdió su valor, la única verdad es que no necesitamos nada, ni nada resuelve el problema, ante una catástrofe de esta magnitud, todo sale sobrando. Lo cambiaríamos todo por la libertad, por la salud, por la seguridad, por salir sin miedo, olvidándonos de todo lo demás. Pero por lo pronto, por el bien de todos: permanezcamos en casa.
Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un espléndido fin de semana obviamente, en familia, disfrútela, nuca tuvo tanto tiempo como hoy para hacerlo.

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