El Mañana

domingo, 18 de agosto de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Nos quieren hacer pelear

8 junio, 2019

Bueno, tal vez, con tantas declaraciones y tuits del Presidente del coloso del norte, nuestros vecinos, cualquiera podría creer que nos vamos a pelear, pero ya lo declaró nuestro Presidente: “Somos amigos del gobierno de los Estados Unidos y de sus ciudadanos, conservaremos nuestra amistad con el pueblo de los Estados Unidos”. Y bueno, no es una relación reciente, siempre hemos sido vecinos y nunca ha sido conveniente estar peleado con un vecino; es como pelearse con la cocinera.

Ya un poco más en serio, las amenazas de Donald Trump de gravar con aranceles del 5 % a partir del 10 de junio y seguir así aumentando de 5 en 5 hasta llegar a 25% de gravamen a todas las importaciones procedentes de México; si nuestro gobierno no toma medidas más drásticas para detener la migración procedente del sur y ahora no sólo de centroamericanos, sino de africanos y cubanos, mismos que llegan en tropel con la idea y la ilusión de conseguir una visa humanitaria para cruzar a los Estados Unidos. Estamos materialmente saturados de migrantes y ya no tenemos dónde alojarlos con el mínimo de dignidad.

Visto así el problema migratorio es más nuestro, somos nosotros los que tenemos que lidiar con sus necesidades y quejas, somos nosotros los que tenemos que proveer de alimentación y alojo; tenemos un verdadero problema social y económico, lo peor es que no tenemos la capacidad ni económica ni de espacio para darles albergue a tantos. ¡Qué más quisiéramos! Sin embargo, nuestra histórica tradición de proteger a los refugiados no nos permite dejarlos a la deriva y mucho menos de rechazarlos, hacemos de tripas corazón y a ver cómo le hacemos. La historia nos dice que muchas veces hemos salido ganando como el caso de los refugiados españoles que vinieron a enriquecer nuestra cultura. Y a fortalecer nuestra academia.

Es muy probable que muchos de los actuales refugiados, se vayan a quedar a la larga en el pueblo, muchos no van a cruzar y menos quieren regresar de donde vienen huyendo, así que debemos prepararnos para incorporarlos a nosotros, por lo pronto que aprendan a hacer carne asada y ya veremos qué les podemos aprender a ellos, seguro traen un enorme bagaje cultural muy diferente al nuestro. Las culturas así se han hecho, de la mezcla de diversos rasgos culturales que incorporados al propio se enriquecen en ambos sentidos.

Pero volviendo al problema de la aplicación unilateral de los aranceles a los productos mexicanos, es algo que Donald Trump debería analizar pues serán los consumidores de su país, los que paguen el aumento en los productos, todo les va a salir más caro; también nos va a afectar a nosotros, eso es indudable, y como decía nuestro moderno filósofo Juan Gabriel: “Pero qué necesidad, para qué tanto problema”. Entendemos su postura por el temor a verse invadidos por tantos migrantes, pero, insisto, el problema es nuestro, los tenemos nosotros y va contra nuestros principios rechazarlos. Mejor sería, como propone López Obrador, procurar resolver el problema de origen y ayudar a los países centroamericanos a mejorar sus condiciones de vida, para que no se vean impelidos a emigrar.

Nadie quiere dejar su casa, su familia, sus amigos, su tierra; lo hemos visto cuando nuestros amigos tuvieron que dejar el pueblo por razones de seguridad, los vimos irse tristes y arrastrando sus raíces, dejando el árbol sembrado y que vieron crecer, no fue nada fácil. Sin embargo, la migración siempre ha sido un problema con muchas aristas, no es tan simple y quererlo ver desde una sola perspectiva es una actitud reduccionista. De cualquier manera, pase lo que pase, los dos Laredos seguiremos siendo ciudades hermanos, la mitad de la familia vive allá y allá hacemos parte de nuestras compras, como ellos, vienen a hacer parte de sus compras y ahora con mayor razón pues su dólar vale más con estos vaivenes de la política.

Tal vez sea la oportunidad para voltear a ver nuestros propios productos, los tenemos y de mucha calidad, con precios competitivos, como el caso del café de Oaxaca, de Chipas, de Veracruz y como éste, muchos otros. Ojalá que los comerciantes locales también aprovechen la oportunidad y traigan y ofrezcan mercancía de buena calidad a buen precio. Saldríamos ganando los dos Laredos. Por eso les digo que seguiremos siendo ciudades hermanas y no sólo de palabra o en el discurso oficial, sino en la realidad cotidiana.

Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un espléndido y caluroso fin de semana, ni para asustarnos, estamos en los Laredos y el calor no nos hace nada.

Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Ya llegué